7 características de un buen terapeuta

¿Qué señales delatan la mala práctica profesional de un terapeuta y un coach? ¿Qué actitudes pueden generar que el paciente no mejore? ¿Cuáles son las características de un buen profesional de la ayuda?

Todas estas condiciones que describo en este artículo son vinculantes, un terapeuta que no las cumple todas en cierto grado de consistencia no está preparado para guiar impecablemente, a las personas que requieren de ayuda o acompañamiento terapéutico.

Muchas personas por desconocimiento o por falta de experiencia, no saben cuál ha de ser la actitud profesional de la ayuda, y se pueden embarcar en una relación terapéutica que puede conllevar más perjuicios que beneficios. Esta es una síntesis a partir de la experiencia profesional y de mi aprendizaje formativo en la visión sistémica de Bert Hellinger.

En un momento que han proliferado las terapias alternativas y muchas personas que sin la suficiente experiencia y honestidad, buscan ayudar a los demás sin haber resuelto algunos temas fundamentales de su propia infancia y relación familiar, buscan ayudar a los demás como un modo de paliar sus propias dificultades, e incluso sufrimiento, puede ser de gran ayuda unas directrices claras de cuáles son las características de un buen terapeuta, que actúa con honestidad y conociendo los Órdenes de la Ayuda.

Ayudar como oficio es algo totalmente diferente a la ayuda que podemos ofrecer como amigos o familiares. De hacerlo así sería algo peligroso. La ayuda que se ofrece profesionalmente es una ayuda que frecuentemente tiene que ver con la vida y la muerte. Se trata de una ayuda para que alguien logre su propósito, que pueda desarrollarse y crecer conforme a su destino.

7 ÓRDENES DE LA AYUDA

1. No emite juicios. Es imparcial.

2. Ayuda de igual a igual. Honra el lugar que ocupa como terapeuta. No realiza transferencias al cliente.

3. Facilita una comunicación proactiva, y dispone de una escucha activa. Transforma las creencias y las narrativas limitantes en una comunicación reconciliadora y creativa.

4. Da sólo lo que tiene, y reconoce lo que realmente el cliente puede recibir y necesita.

5. Se mantiene dentro de las posibilidades de la situación.

6. Siente una empatía amplia dirigida a toda la familia. No se compadece.

7. Busca su honestidad de forma permanente. Supervisa su actitud y su trabajo constantemente.

caracteristicas de un buen terapeuta

  1. No emite juicios. Es imparcial

Un terapeuta es imparcial. No se compadece de tu historia personal, asiente a las consecuencias de cualquier situación dramática que haya vivido una persona, y la dirige hacia su propia responsabilidad.  Y así pueda recoger la fuerza de sostener su dolor y la culpa de sus acciones. Sólo de este modo es posible crecer.  Si un terapeuta juzga tu comportamiento está proyectado su propia moral sobre la situación o tu conducta. Si impone su criterio sobre ti no puede dejarte libre para seguir el ritmo de tu propio proceso, y lograr las decisiones naturales de éste. La moral no se aplica al contexto de la terapia. Ni es útil ni ayuda, porque impide una visión amplia del ser humano que hay delante de nosotros. ¿Cómo podría ayudarse entonces a alguien que ha cometido un delito o ha sufrido una violación? Un terapeuta debe estar libre incluso de su propio criterio para proponer soluciones creativas, que no sean las mismas siempre que ha utilizado anteriormente. Si te sientes juzgado por un terapeuta sentirás la necesidad de justificarte o defenderte, y por mantener tu dignidad – consciente o inconscientemente – no podrás confiar ni seguir las directrices de tu terapeuta.

Cuando, como terapeutas aceptamos plenamente a cada uno tal como es, todo tiene un desarrollo favorable. Cada relación de ayuda transforma también al terapeuta, y a la par, al no haber ninguna exigencia, el paciente puede sentirse en un lugar seguro donde aceptar sus dificultades y sostener su propia culpa. Pero mientras el terapeuta siga luchando con lo que el otro trae, permanece apegado a sus conceptos y nada real cambia en el cliente. Si el terapeuta no intenta modificar ni controlar la vida del paciente, algo profundo se clarifica tanto en él como en el propio terapeuta. Es posible mirar más allá de las circunstancias y el sufrimiento.

Por otro lado, todo lo que un terapeuta lamenta de su paciente, lo está excluyendo. Todo lo que acusa, lo está excluyendo. A cada persona que le despierta pena o enfado, la está excluyendo. Cada situación por la que un terapeuta hace sentir incapaces o culpables, la está excluyendo. De este modo la relación con el terapeuta queda cada vez más empobrecida. El camino inverso sería: Todo lo que te hace sentir pena y te empuja a compadecerte, el terapeuta debe ayudarte a mirarlo de frente,  y que junto con el terapeuta podáis decir: “Sí, así fue y lo incorporo en mí con todo el desafío que me representa. Haré algo contigo. Ahora te tomo como una fuente de fuerza, sea como fuere.”

El movimiento esencial que debe ayudar a realizar el terapeuta, es siempre el mismo:  incorporar aquello que se ha excluído. Incluir con benevolencia a aquél que ha rechazado.

Algunos ejemplos de desorden y falta de impecabilidad en la actitud del terapeuta en este Orden de la Ayuda, podrían ser:

  • Condenar, sentenciar o criticar el comportamiento del cliente o de algún familiar en una situación determinada.
  • Compadecerse de la vida del cliente, y no respetar su destino tal como es.
  • No reconocer a los padres del cliente con amor y respeto.
  • Rechazar a algún familiar por su condición o por su comportamiento.
  • Menosprecia o infravalora un problema que afecta al cliente.
  • Impone su moral o juzga según sus valores, la conducta o la actitud del cliente o de alguna de sus relaciones.
  • Se posiciona a favor o en contra de alguna de las decisiones del cliente.
  • Se muestra demasiado autocentrado en su forma de percibir las situaciones o relaciones del cliente.
  • Es muy directivo, no permitiendo el ritmo de comprensión e integración del cliente.
  • Compara al cliente con otra persona. Juzga o compara las reacciones o actitudes del cliente con otras relaciones de éste.
  1. Respeta el orden de la relación de ayuda y honra el rol que ocupa. Actúa de adulto a adulto. No realiza transferencias a sus pacientes.

Un terapeuta ha revisado en profundidad sus desórdenes familiares poniéndoles solución, y respeta y acepta a sus padres tal como son.

Es fundamental que un terapeuta, un coach o cualquier profesional de la ayuda y que facilite la salud de cualquier persona, tenga un profundo respeto por el destino de las personas que trabaja. Para ello debe tener una mirada que vaya más allá de la persona y que abarque a los padres de éste. Que pueda sentir un claro respeto y amor por ellos, indistintamente de cómo fueron esas personas y de lo que se haya dicho de ellas.

Cuando alguien llega a la consulta se puede presentar como alguien que no dispone de capacidad o recursos internos como para afrontar un conflicto o dificultad. La ayuda real sería mostrarle para que reconozca su propia fuerza y se empodere, que descubra su resiliencia. Pero el terapeuta acepta la actitud infantil de quien se siente desvalido, ambos quedan inmediatamente implicados en una transferencia, donde el cliente no puede reconocer su responsabilidad y comienza a exigir internamente al terapeuta como si fuera un padre o una madre, para que solucione sus problemas, comos si se tratara de algo mecánico. Por supuesto, un terapeuta de un modo simbólico representa a los padres por un periodo en el que se establece la confianza necesaria, y puede restaurar el vínculo seguro con los padres del cliente. Pero siempre actúa en nombre de éstos, y dirige la atención hacia ellos, sin usurpar, por así decirlo, el lugar de los padres.

El trabajo terapéutico se inicia en lo más profundo de la persona que facilita la ayuda. El ciclo de sanación comienza y se cierra dentro del propio terapeuta. Un terapeuta no es perfecto, por ello ha de reconocer cuáles son sus limitaciones. Sus límites se encuentran donde alcanza su honestidad. Ha de revisar constantemente hasta donde puede trabajar con un paciente, qué cosas lo mueven emocionalmente más allá de lo que tiene dominio y sabe gestionar. Si algún tema que trae el cliente es susceptible de tocar aspectos que el terapeuta le conmueven demasiado, y no puede ser imparcial debido a su implicación relacional o emocional, debe interrumpir el proceso terapéutico. De igual modo, si el terapeuta percibe alguna actitud personal del cliente como una amenaza o que le supera de algún modo porque su moral o sus valores no le permiten ser imparcial debe comunicarlo con la mayor honestidad posible para que el cliente busque otro profesional

Por otro lado, hay ciertos aspectos específicos que a veces se pasan por alto. El acompañamiento terapéutico y todas las profesiones de la ayuda, requieren de unas actitudes muy claras para que la relación sea adecuada y mantenga el orden necesario en la relación para que se posibilite la ayuda. Por ejemplo, si un terapeuta siente atracción física y cruza la línea en este aspecto no puede servir como terapeuta. Aquí tanto el cliente como el paciente, deben evitar cualquier confusión sobre los límites de la relación interpersonal. De todos modos, aquí la responsabilidad recae sobre todo en el profesional. No puede jugar con la sensualidad ni dar mensajes dobles o confusos. Y la energía sexual o la líbido del cliente siempre serán redirigidas hacia un lugar consciente,  para poder elaborar con honestidad la relación terapeuta- cliente, y que cada uno esté ubicado en el lugar que le corresponde.

Normalmente la persona que pide ayuda se presenta de algún modo desvalida. ¿Qué sucede si el terapeuta acepta esa percepción? Se da una transferencia como si de un niño se tratara hacia sus padres, y una contratransferencia del terapeuta hacia el cliente como de un padre o una madre hacia su hijo. De esta manera se traza el camino para una larga y ardua terapia que resultará en fracaso. Con suerte si esto sucede, el cliente se enfadará y se despedirá de la terapia por su propia cuenta.

Algunos ejemplos de desorden y falta de impecabilidad en la actitud del terapeuta en este Orden de la Ayuda, podrían ser:

  • El terapeuta permite o facilita una relación padre/hijo. Donde se establece la transferencia/contratransferencia como dinámica de funcionamiento.
  • Impone su criterio y su moral.
  • No respeta las decisiones del cliente.
  • No respeta a los padres del cliente, o no siente gratitud y no ha tomado a los suyos.
  • Se enfada con el cliente, le expresa su descontento por algún motivo personal o reacciona a las expresiones emocionales de éste.
  • Cruza la línea interpersonal, jugando con la seducción y la energía sexual. No pone límites a los juegos de seducción del cliente.
  • Establece una relación personal, donde se desarrolla una “relación entre amigos”.
  • No respeta los límites de relación profesional, hablando demasiado de sí mismo, o quedando con el cliente fuera de la consulta.

 

  1. Facilita una comunicación proactiva, y tiene una escucha activa. Transforma las creencias y la narrativa limitante en una comunicación reconciliadora y creativa.

Generar un espacio seguro donde se puede desarrollar la confianza sin lugar a dudas, requiere de una actitud y una comunicación impecables.

La mayoría de los conflictos entre personas o grupos surge de la mala comunicación de nuestras necesidades humanas, debido al lenguaje agresivo o manipulativo cuyo objetivo es inducir miedo, culpa, vergüenza. Estos  expresiones violentas de comunicación, cuando son usadas en un conflicto, desvían la atención de cada persona de reconocer sus propias necesidades, sentimientos, percepciones y peticiones, perpetuando así el conflicto. La herramienta que utilizo para clarificar el propósito y los medios para una comunicación honesta y empática es la Comunicación No Violenta (M. Rosenberg).

El terapeuta debe ayudar a comunicar las necesidades y los sentimientos del cliente, de un modo que transformen su percepción y sus creencias sobre sí mismo, sus relaciones y el mundo. Un terapeuta es un narrador que transforma la historia de dolor y conflicto en una reflexión llena de potencialidad y capacidad creativa.

La narrativa que tenemos sobre el problema que atravesamos es el problema en sí mismo. Nuestro diálogo interno es el que genera una experiencia, que confirmamos en nuestras relaciones y la percepción de los demás y la vida. El ayudador debe disponer de suficiente claridad sobre la condición indispensable de afinar y dirigir la comunicación, hacia un lugar honesto y empático consigo mismo. El discurso de quien está sufriendo, generalmente,  está lleno de violencia hacia él mismo y hacia los demás, con cierta falta de responsabilidad sobre la capacidad de tomar decisiones y ausencia de empoderamiento. El terapeuta ayuda a cambiar este diálogo interno que lo moverá hacia una actitud que le permitirá una visión más amplia y reconciliadora consigo mismo y los demás.

Somos seres narrativos. Tal como nos explicamos nuestra historia personal, asi experimentamos nuestra vida. Nos contamos la vida a través de nuestras creencias, otorgándoles la categoría de ciertas. Abandonar las creencias limitantes e intercambiarlas por creencias que nos empoderan, es parte del proceso creativo de la terapia. Cada forma de ver el mundo nos ubica como personajes y, por tanto, con cualidades y defectos determinados. ¿De qué manera nos afectan nuestras ideas del mundo y de nosotros? La manera como nos contamos el pasado y el futuro es como vivimos el presente.

Algunos ejemplos de desorden y falta de impecabilidad en la actitud del terapeuta en este Orden de la Ayuda, podrían ser:

  • El terapeuta confirma las creencias limitantes de una experiencia dolorosa del cliente.
  • El terapeuta queda atrapado en el discurso del cliente, y discute con él para convencerlo que está equivocado.
  • El terapeuta no sabe cómo conectar con el cliente, no dispone de herramientas suficientes para reconocer las necesidades y sentimientos que esconde el dolor y el conflicto, transformándolos en un nuevo diálogo internos.
  • La historia del cliente eclipsa al terapeuta, y su empatía personal bloquean una mirada hacia una solución y una nueva percepción del asunto.
  • El terapeuta no reconoce claramente con sus emociones, y no sabe cómo utilizarlas para dirigir los sentimientos del cliente, hacia una mirada reconciliadora.
  • El terapeuta es permisivo con el discurso victimista del cliente, intenta convencerlo sobre cómo debería sentir o percibir el cliente un asunto.

 

  1. Da sólo lo que tiene, y reconoce lo que realmente el cliente puede recibir y necesita.

Es fácil que un terapeuta desee ayudar con tanto anhelo que a veces se extralimite dando más de lo que tiene, bien por una falsa abundancia que proviene de su propia sensación de carencia o miedo a la situación del cliente, o por la exigencia o escasez del cliente, que pide con ansiedad por no poder sostener su propio dolor o culpa.

Si el cliente pide lo que el terapeuta no puede darle y éste cede, o bien si quien ofrece la ayuda, da algo que no le corresponde porque asume una responsabilidad que no le es propia, ya que es al cliente a quien le toca hacer o sostener algo. El dar y el recibir en la ayuda tienen límites, pues la ayuda no puede ser incondicional.

La ayuda debe ser humilde: muchas veces ante determinadas situaciones o expectativas elegimos renuncia a ayudar, porque esto es lo que más va a ayudar. Aquí el terapeuta ha de poder sostener el reproche e incluso el ataque de los clientes por no cumplir la expectativas de lo que considera adecuado como ayuda la sociedad o algunas personas implicadas en el proceso terapéutico.

Algunos ejemplos de desorden y falta de impecabilidad en la actitud del terapeuta en este Orden de la Ayuda, podrían ser:

  • El terapeuta habla demasiado buscando convencer de las indicaciones que ofrece.
  • Insiste en ayudar o en convencer de su visión/método sobre una situación donde el cliente aún no ha madurado lo suficiente, como para generar una acción propia.
  • Sobrepasa los límites de su tiempo en consulta, alargando la conversación con una actitud de preocupación por intentar resolver un asunto.
  • Acepta las exigencias del cliente cuando se muestra como alguien desvalido que no puede actuar por su cuenta.
  • Escucha sin capacidad para contener la emocionalidad del cliente, sin reconducir o poner un límite a sus justificaciones para sentirse víctima o incapaz de controlar sus sentimientos.

 

  1. Se mantiene dentro de las posibilidades.

Muchas circunstancias nos vienen dadas, si el terapeuta no puede aceptarlas como parte del destino del cliente, la terapia queda abocada al fracaso. Algunas de estas circunstancias no son sólo externas, como por ejemplo las condiciones familiares de la persona que necesita salir de cierto enredo en sus relaciones, o las dificultades que vivió siendo niño. A muchos ayudadores profesionales le puede parecer muy dura o insostenible la situación de alguien o el destino de una persona, y desearían modificarla. La mayoría de casos donde esto sucede, no es porque el cliente no pueda sostener su propia vivencia, sino porque el terapeuta no puede soportar este destino. Entonces puede suceder que el cliente se deje ayudar por su deseo de devolver la ayuda al terapeuta, de modo que se invierten los papeles y el poder de la ayuda se debilita.

Este Orden de la Ayuda implica por tanto, que el terapeuta se debe someter a las circunstancias, y únicamente intervenir hasta donde ellas lo permitan. Negar u ocultar la situación de quien necesita ayuda en vez de afrontarla, debilita tanto a quien ofrece la ayuda como a quien la recibe.

Algunos ejemplos de desorden y falta de impecabilidad en la actitud del terapeuta en este Orden de la Ayuda, podrían ser:

  • Forzar una solución preconcebida o luchar contra una circunstancia, sin considerar el proceso del cliente o las necesidades del momento.
  • Buscar lograr unos objetivos sin tener en cuenta la capacidad y la vulnerabilidad de la persona que pide ayuda.
  • Dar más importancia a la metodología que a la persona. A los objetivos que a l proceso.
  • No actualizar constantemente la experiencia del cliente, ajustando el acompañamiento según el feedback.
  • Que el terapeuta se arrogue una responsabilidad que no le corresponda sobre la transformación de la persona o la situación.
  • Que el terapeuta esté más preocupado en su propio éxito que en la vivencia del cliente.

 

  1. Siente una empatía amplia dirigida a toda la familia. No se compadece.

Si alguien se queja de cómo está siendo su vida, o cómo fue su infancia. ¿Qué está haciendo en realidad?  Desea que algo sea diferente, quiere ser otro. Pierde la fuerza para su propia transformación. ¿Qué sucede si el terapeuta lamenta eso? También pretende que la vida del cliente hubiera sido otra. Y ambos quedan escindidos de la realidad y no pueden tomar la fuerza para afrontar las condiciones de su vida. Ambos se debilitan, y se desconectan de sus propios recursos internos.

Bajo la herencia de la medicina y la psicoterapia muchos ayudantes profesionales tratan al cliente como si fuera un individuo aislado del sistema familiar. Sólo cuando el terapeuta percibe a cada persona como integrante de una conciencia colectiva, a la cual está al servicio, puede percibir también lo que el cliente necesita y a quien de la familia, se le debe un lugar y un reconocimiento. Incluso puede darse que antes de nada, haya que dirigir la atención y la ayuda a alguien del sistema familiar, para después dar los pasos decisivos en favor del cliente. Es decir, la empatía debe ser menos personal y más sistémica. No estamos a ayudando a una sola persona, sino a un sistema familiar, donde el cliente expresa un síntoma. Una empatía personal separa en vez de unir, establece una relación personal en la cual los propios miedos o los del cliente, se confunden con los sentimientos personales e interfieren en una ayuda más amplia y profunda. Sin embargo, una empatía de mayor alcance, que abarca a la familia, llega al alma.

Algunos ejemplos de desorden y falta de impecabilidad en la actitud del terapeuta en este Orden de la Ayuda, podrían ser:

  • Consuela al cliente. Es decir, lamenta lo que le ha sucedido.
  • No respeta a los padres del cliente, juzga o se opone a algunas vivencias que tuvo.
  • Se implica personalmente en el logro de las tareas del cliente, se preocupa de su obediencia a las directrices dadas.
  • Se preocupa en conocer detalles personales del cliente que no le incumben para el tratamiento terapéutico.
  • Se enfoca demasiado en el resultado individual abandonando una perspectiva más amplia
  • No sabe retirarse una vez la terapia ha finalizado. Sigue preocupándose por el cliente.
  • Pretende controlar las acciones y el resultado de las decisiones del cliente.

 

  1. Busca su honestidad de forma permanente. Supervisa su actitud y su trabajo constantemente.

Un terapeuta no es infalible y tampoco está libre de que le afecten los sentimientos y experiencias de cada cliente. Muchas veces lo que vive alguien que toca temas profundos de su vida, conmueve profundamente a quien lo acompaña. Puede resonar con asuntos pendientes del terapeuta, o que no haya mirado con suficiente profundidad. O simplemente porque la sensibilidad de su propia humanidad resuena con el dolor y su campo emocional queda sensibilizado. De este modo también requiere de acompañamiento, de una revisión permanente de cada proceso que realiza. Mirar donde quizá se quedó estancando, donde repite o insiste en medología (porque le funcionaron anteriormente) que no lo dejan libre para ser creativo y abordar de nuevo una situación o una dificultad.

Un terapeuta debe poder expresar su inquietud, su preocupación, encontrar un diálogo reflexivo que le ayuda a meditar más allá de sus parámetros, que le ofrezca también, soluciones y caminos alternativos.

La honestidad es el requisito imprescindible para que el trabajo terapéutico no quede en un nivel superficial y mecánico. Que las inercias de carácter y de enfoque metodológico o teórico, no mantengan al profesional en un círculo hermético, que no se permita las crisis, la duda, la supervisión de sus valores y creencias. Todo para que se mantenga el equilibrio de su salud a la altura de lo que propone a sus clientes.

Algunos ejemplos de desorden y falta de impecabilidad en la actitud del terapeuta en este Orden de la Ayuda, podrían ser:

  • El terapeuta da por sentado su enfoque o sus propuestas como únicas alternativas.
  • Se considera mejor que el cliente, o cree que la vida de éste es peor.
  • No se permite la equivocación ni la corrección de sus errores.
  • No revisa las intervenciones que no han dado buen resultado.

Jonàs Gnana