Buscamos a nuestra madre

Busco a mi madre en el pan con queso. En todo lo que rocío con dulce para llenar su vacío en mi pecho. Busco, a veces,  a mi madre en el calor del regazo de una amante o los brazos de un amigo en los que recibo consuelo, y cuando huyo del frío de los días grises y anhelo el fuego que quisiera encendido en casa.

Busco a mi madre. Casi siempre. En todo. Busco a mi madre en el fondo de todo lo que me colma, aquello que me llena de adentro afuera, como cuando vivía en el interior de su vientre. Quisiera encontrarla en otras mujeres que tienen su mirada. O en las que no tienen ningún parecido a ella, porque aún pretendo encontrar otra madre que sí supiera amar como yo quisiera. Como ella no supo. Busco una madre. Sobre todo.

Busco una madre también, en algo que me eleve y me entregue a algo excelso para sentirme arropado por algo superior, como ella. Un camino espiritual, alguien que me devuelva el paraíso. Como ella. Al final, buscaré a mi madre en Dios. Y mientras voy tomando a mi madre en todo, en el pan, en la leche, en el beso en la frente, en una noche abrazado a ti, en la cuna en la que he transformado esta noche para que me regrese a ella, en la riqueza que espero del dinero, en la confianza que pido del trabajo, en la alegría que le reclamo al cuerpo. Y me voy dando cuenta que Dios sólo puede revelarse, cuando he encontrado a mi madre en el único lugar que podía hallarse realmente.

Pero sólo algunos aventurados se atreven a buscar a su madre, en su madre.

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Farewell and goodnight (Birdy)