La conciencia colectiva y los Órdenes del Amor

La conciencia colectiva es inconsciente. Las mismas necesidades de la ‘conciencia personal’ son válidas en la ‘conciencia familiar’, pero de manera completamente diferente; porque aquí no se trata de una persona sino de algo colectivo.

La conciencia colectiva vela por la pertenencia de todos los que forman parte. No es que un individuo sienta esa necesidad, sino un colectivo. Es decir que si un miembro queda excluido, esa conciencia trata de restablecer la totalidad, llevando a otro miembro a que represente a esa persona.


Tiene también, la necesidad de compensar, de encontrar el equilibrio. Porque lo que acabo de explicar también surge de una necesidad de compensación. Pero esta conciencia no tiene compasión alguna hacia el miembro posterior elegido para restablecer la pertenencia y la compensación, lo sacrifica en pos de la necesidad colectiva.


La tercera es una necesidad de orden, según el cual, las personas que estuvieron antes tienen prioridad ante las que vienen después. Por ese motivo los padres tienen prioridad ante los hijos, el hijo mayor tiene prioridad ante el que nació en segundo lugar, etc. Siempre que es infringido ese orden, por ejemplo cuando un hijo se inmiscuye en los asuntos de los padres, queriendo expiar una culpa de ellos, esa conciencia colectiva castiga esa intención condenándolo al fracaso. Lo contradictorio y trágico de esto es que la conciencia colectiva elige a un miembro que nació después para representar a alguien que fue excluido antes, pero por hacerlo, lo condena al fracaso, porque infringe el orden de la prioridad, de los que llegaron antes.

El Sistema Familiar es el campo espiritual en el que estamos unidos. Dentro de este campo, todos estamos resonando con todos. Aunque este campo sistémico a veces está en desorden. Este desorden se produce cuando alguien que pertenece a él, ha sido excluido, rechazado u olvidado.

Cada persona excluida sigue estando vinculada a nosotros. Y se manifiesta a través nuestro porque en este campo rige una ley fundamental: todos los que forman parte de una familia tienen el mismo derecho a pertenecer. No se puede excluir a nadie.

Si alguien fue excluido, por las razones que fuera, bajo la influencia del campo a través de esta resonancia, se determina que otro miembro de la familia represente al excluido.

De este modo imita sus actitudes, sus ideas, sus sentimientos o su destino. Y así se restablece la integridad perdida en la Conciencia Familiar: buscando incluir a quien fue excluido. Las Constelaciones Familiares ayudan a restablecer este Orden.


Bert Hellinger