Cuidado y respeto en la relación de pareja

El Cuidado como resultado del afecto y el amor por el otro. Como la necesidad de nutrir y proteger lo valioso en nosotros y en nuestra pareja. Cuidamos tal como hemos sentido el cuidado de nuestros padres. Este cuidado tiene su fuente en ellos, y evoca lo maternal en nosotros. En el cuidado que profesamos a nuestra pareja, inspiramos el amor que recibimos de ella, y lo hacemos crecer. A nuestra madre, dirigimos la mirada de todo lo que cuidamos y llevamos a nuestro corazón.

La pareja requiere de cuidado en la medida que toda relación pide nutrirse, sentir el amor y el resguardo. Del cuidado crece el afecto y la sensación de pertenencia. Sin el cuidado del otro, nos sentimos desprotegidos, y la relación tiende a generar dos personas excesivamente autocentradas. Sin embargo, una relación requiere también del respeto, como valor que atiende el reconocimiento de la autonomía y de las necesidades individuales. El respeto es un movimiento hacia la libertad individual, así como el cuidado es un movimiento hacia el amor recíproco.

cuidado y respeto en la relación de pareja

El respeto como resultado de atender a la propias necesidades, y ser honestos con nuestros sentimientos. Como sentido de empoderamiento, al reconocer la responsabilidad por nuestra vida y nuestras decisiones. Al asumir la propia responsabilidad para dirigirnos hacia la realización y libertad personal. Y en consecuencia, como necesidad de permitir la libertad para que nuestra pareja exprese y atienda a sus necesidades y sentimientos. ¿Sacrificarías la autenticidad de la otra persona, con tal que te cuide y responda a tu necesidad emocional?

Es más difícil que podamos reconocer nuestras necesidades afectivas, y nos dirijamos hacia una autonomía emocional, cuando nuestros padres nos confundieron con las suyas en nuestra infancia, cuando no las supieron atender porque las interpretaron equivocadamente, o no pudieron atenderlas. Cuando en nuestra infancia, aprendimos a omitir nuestras necesidades y sentimientos por las exigencias de las circunstancias o de nuestros padres, nos resulta más difícil poder reconocerlas, y es común, pedir que nuestra pareja lo haga por nosotros. Es un requisito indispensable, comunicar explícitamente qué sentimos y qué necesitamos en la relación. ¡No podemos pedir que nos den lo que necesitamos, si no lo sabemos nosotr@s mism@s!

Muchas parejas se cuidan buscando en el otro colmar el vacío de lo afectivo, pero olvidan el respeto a su individualidad. Con el tiempo llega el hastío y el resentimiento, que fácilmente culpabilizan la relación. La responsabilidad queda negada si no somos honestos ¿Qué es lo que necesito de la pareja, en esta etapa de mi vida? ¿Qué puedo dar, y dónde están mis límites? E incluso más allá: ¿Qué pide de nosotros la relación en este momento? ¿Cuán disponible estoy yo?

Al preguntar a las parejas que he ido atendiendo profesionalmente, la mayoría piden el cuidado de su pareja, pero no suelen nombrar la necesidad de respeto. Al principio el encuentro parece muy satisfactorio porque crea una especie de oasis afectivo, en el que hallamos lo que no tuvimos en el seno familiar. Con el tiempo este cuidado se convierte en un peso, porque estamos maternando al otro (como si fuera un niño), y perdemos el sentido de igualdad en la relación.

Al reconocer la necesidad tanto del cuidado como el respeto en nuestra relación, nos damos cuenta que sin respeto por el otro no hay cuidado de la relación. Y que sin cuidarnos mutuamente, no hay forma de respetarse a uno mismo.