El resentimiento en las relaciones pasadas

Todo lo que lamento, lo estoy excluyendo.
Todo lo que acuso, lo estoy excluyendo.
A cada persona que despierta mi enojo, la estoy excluyendo.
Cada situación en la que me siento culpable, la estoy excluyendo.
Y yo estoy cada vez más empobrecido…
El camino inverso sería: Todo lo que lamento, lo miro y digo ‘Sí, así fue y lo incorporo en mí con todo el desafío que me representa. Haré algo contigo. Ahora te tomo como una fuente de fuerza, sea como fuere.’
El movimiento básico es siempre el mismo: en lugar de excluir, incorporar.

Bert Hellinger.

Culpar a otros es el fracaso.  Asumir la experiencia de la relación es el logro y el aprendizaje. En el resentimiento a alguien nos quedamos anclados en el pasado por creer que lo que ocurrió no nos permite abrirnos al futuro, cuando en realidad toda experiencia es un trampolín para asumir la transformación personal, al reconocer en cada relación lo que estaba oculto en nuestro inconsciente. Todo lo que ocurrió, ocurrió por amor.
Y lo que gracias al amor se mantuvo, sólo el amor lo pudo disolver y anular. Sólo hay futuro para quien está en sintonía con el pasado. Al abrazar incluso nuestros propios resentimientos o los de nuestra pareja, dejamos que se desvanezcan, dejando que el pasado descanse. Permitiendo que el futuro regrese a nosotros.

El resentimiento nos encadena a quien sentimos que nos ha dañado. La persona que está resentida queda libre de quien odia cuando se retira. Al retirarse libera a quien odia de su propia alma y lo entrega a su propio destino.  Esa es una forma de respeto a uno mismo y a la vida del otro. Pero la mayoría de veces no queremos ser libres de este odio. Aquellos que persiguen y se indignan, los moralistas y los inocentes, en su fuero interno están llenos de violencia. Sus violentas fantasías a menudo son peores que los actos por los que estamos resentidos.

Sin embargo, cuando alguien nos condena y nos sentimos culpables, tan sólo señala el espacio en que no está libre de juicios en nosotros mismos. En algún momento reconoceremos que si una ex pareja o alguien nos reprocha algo y nos sentimos atacados, de alguna forma esta persona no está totalmente equivocada: aquello de lo que nos acusa no está tan alejado de nuestra percepción si nos sentimos empujados a defendernos. Cuando somos honestos y nos consideran deshonestos, podemos escuchar con atención y asentir a ello. Pero si nos acusan de mentirosos y no lo podemos soportar, significa que hay una resonancia interna, algo que nos toca y activa el mecanismo de nuestro propio juicio:  Ya nos hemos sentido deshonestos de algún modo. He aquí la oportunidad para observarnos imparcialmente, mirando los sentimientos que emergen como una experiencia de nosotros mismos. No hay más honestidad que reconocer nuestra deshonestidad.

Entonces cuando nos insultan, cuando nos consideran algo que sentimos injusto debido a la imagen que deseamos sostener de nosotros mismos, comprendemos por qué esta persona en su sufrimiento nos trata de un modo determinado. Cada uno actúa de unamanera para mantener una imagen de sí mismo, la cual aprendemos a respetarlo:  aún no hemos podido mirar el propio dolor y acogerlo.  La agresión forma parte de un sistema de supervivencia.   El respeto por la percepción de cada uno se vuelve una profunda humildad, al no pretender luchar contra nadie por lo que cree que somos. Porque podemos sostener la culpa por nuestros errores en la relación sin justificarlos ni condenarnos. Esta falta de violencia contra el otro implica dejar de agredirnos a nosotros mismos, y permite retirar progresivamente el enfado y el resentimiento de la relación, al dejar que cada uno cargue con los efectos de sus propios pensamientos. Por supuesto, no sentir la agresión como algo personal no implica no protegerse de un modo funcional, para que nosotros u otra persona no reciba algún tipo de daño. Pero aquí dejan de suceder los efectos psicológicos donde vivimos las cosas de un modo personal.

De pronto dejamos de sentirnos agredidos por esta relación que nos acusa de ser la causa de su sufrimiento. De pronto cada forma de ataque se convierte en una forma de afecto, porque uno reconoce la carencia, el miedo, la frustración de cada uno. El conflicto que cada uno esconde tras de sí. Quien te odia, busca el amor en ti que se niega.  Si podemos soltar la exigencia de este reproche, llegará el reconocimiento profundo de un amor que se comparte en un nivel más profundo. El que nos llevó originalmente al encuentro.

Sereno es aquél que es capaz de dejar atrás viejos sueños, viejas pretensiones, viejos reproches, aquel que libera así el corazón de forma que esté sosegado, pronto y dispuesto para lo posible y el regalo que se ofrece.

Bert Hellinger