Elegir un Constelador

Cuando uno quiere realizar una Constelación Familiar es importante escoger bien a quien va a dejar abrir, explorar, hallar el orden y el equilibrio en sus vínculos. Después de todo, uno está exponiendo sus heridas y su duelos para que sean sanados.

Un constelador, al cual un cliente pide ayuda, entra en ese momento en el campo sistémico de la familia, pero en el último lugar: no es el protagonista, y trata todo con sumo respeto.  No pretende imponer, ni considera sus ideas más importantes que el respeto al propio proceso de cada cliente. Cada intento por su parte de ubicarse por encima de otro miembro de la familia está condenado al fracaso. Sobre todo cuando quiere ser para el cliente, un mejor padre o una mejor madre. O cuando el terapeuta no respeta el destino del cliente o cuando se considera mejor que él al juzgarlo de algún modo. O cuando para una pareja, el terapeuta, quiere ser el hombre más comprensivo o la mujer más atenta. Con esto surge una relación triangular que excluye a un miembro de la pareja. En lugar de juntar a la pareja, los separa.

Algunos terapeutas se vuelven muy directivos o desarrollan un estilo muy confrontador, haciendo de esta estrategia un modo de operar sistemático, fuera de toda creatividad y receptividad a lo que necesitan el cliente en ese momento. Cuando una Constelación o una terapia está siendo excesivamente dirigida, el terapeuta se pone en un lugar donde se otorga más importancia, apagando la propia luz del proceso sanador, y dejando al cliente relegado a un segundo lugar.

De ahí que un constelador sólo puede ayudar cuando respeta a los padres del cliente, así como él quiere y respeta a sus propios padres.

Jonàs Gnana

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