Lo malo del pensamiento positivo

La idea de que debemos pensar en positivo en situaciones difíciles o conflictivas no es en absoluto propiedad de la nueva era. Es un engaño tan antiguo como la razón humana.

Por todos lados escuchamos este consejo de perfección, cuando pasas por una adversidad: Tienes que pensar en positivo porque así atraes cosas buenas. Sin embargo, esta idea ingenua nos trae una lección muy diferente: Si estoy triste y me esfuerzo en pensar en cosas buenas – que nieguen la experiencia real- acabo por deprimirme aún más. Si tengo miedo, rabia o dolor sólo agravo esta experiencia emocional, si hago por pensar en positivo.  Al pretender traer imágenes de alegría o placer, aumento la experiencia de una emoción que busca restablecer un equilibrio psicológico y que está avisándome de que ponga atención sobre mi experiencia. Al no dejar que esta emoción se exprese, buscará otros medios para expresarse, muchas veces empeorando la salud y la situación.

Los efectos benignos del pensamiento positivo son posibles únicamente, cuando el mecanismo estratégico de autoengaño es inconsciente. De otro modo, cuando pensamos en atraer cosas buenas con pensamientos positivos, se refuerza el efecto negativo de la emoción que queremos evitar.  De este modo, el mecanismo del pensamiento positivo tiene un efecto paradójico.

Los autoengaños para variar inercias psicológicas o conductas perjudiciales, sólo funcionan si se realizan inconscientemente. En el momento que los ponemos en práctica de forma intencionada, pierden totalmente su poder transformador. Sólo si hemos tenido un resultado positivo, entonces aumenta la confianza en nuestros recursos, y sentimos mayor fuerza en nuestra capacidad.

Una expectativa elevada, puede hacer que nuestro viaje resulte más intenso en su belleza, y que el destino se convierta en algo decepcionante.

Kylli Sparre_pecera

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