Relaciones a ciegas

Cuando alguien no te puede ver, ¡qué difícil es saber quien eres! ¡Y qué fácil es caer en la trampa de forzar la mirada a los demás sobre lo que uno no puede ver!

¡Quien te idealiza no puede verte! ¡Quien te infravalora no puede verte! Ambas relaciones son tóxicas: no nos permiten crecer en un vínculo de amor real que nos deje libres para ser lo que somos.

Cuando alguien no nos puede ver nos quedamos ciegos. Pero esta ceguera nos obliga a mirarnos de nuevo: descubrir lo que no sabemos de nosotros mismos: Buscarnos en lo que no creemos ser.

Cuanto dolor encontramos en ese espacio de no-encuentro. Una oscuridad de la que queremos escapar nadando a la superficie sin aire en los pulmones. ¡Y qué centelleante es el vislumbre que hay en ese desencuentro!

Una relación sólo se convierte en tóxica cuando queremos reconocernos en los ojos de alguien que no puede vernos. Si no sabemos quienes somos,  nos perderemos en la negación de quien no puede vernos. En ese preciso instante es necesario retirarse evitando cualquier lucha por ser aceptados. El esfuerzo para que alguien nos vea y nos reconozca, impide poder ser vistos y reconocidos.