Haz sonar las campanas que aún tañen.
Olvida tu ofrecimiento perfecto.
Hay una grieta en todo.
Así es como entra la luz.

Leonard Cohen

Jonàs Gnana

Madre, de ti recibí la inspiración celeste,  el impulso de la creatividad, la compasión y la empatía con el corazón de todos los seres. El anhelo de ser uno con la naturaleza. El don de hacer reír a los animales. La vocación por la palabra, el humor que me permite ir más ligero de lo que pienso. En el dolor de mi cuerpo te siento, y en la alegría que lo trasciende.

De ti madre, recibo esa permanente inconformidad que a la vez me deja tranquilo en cualquier lugar, con esa dulce adaptabilidad acuática que reconoce la gratitud de estar entre las personas, con sencillez y mirada aguda. El gusto por el relato, -exagerando un poco la historia-, dándole énfasis a lo a lo que nos aventura a lo desconocido que siempre son los otros. De ti madre, me queda la prioridad por compartir, el entusiasmo por disfrutar un momento con alguien a quien quiero mirándonos a los ojos, sin importar lo más mínimo cual es el orden lógico que imponen las cosas. Recuerdo cuando me dejabas elegir entre el cine o una buena cena, y siempre escogía ir a ver una película contigo, porque así yo sentía que estábamos los dos disfrutando de algo juntos.

De ti madre, tomo también el sufrimiento por lo humano y la humilde incapacidad para resolverlo. Madre, de ti lo tomo todo, con dolor y con amor, lo que quiera quedarse en mi lo miro con afecto y gratitud y lo que quiera irse quedándose afuera lo dejo ir con afecto y gratitud. Con la vida que me diste, sé que sólo puedo hacer algo tan grande como el amor que tengo por ti.

Padre, de ti tomo el coraje para vivir en un mundo que a veces no quiero mío. En tu consejo busco un lugar para servir del mejor modo posible a través de mi vocación y también como padre. Miro hacia el futuro y veo que  tu me apoyas con la solidez de tu frente despejada. Una profunda reverencia es cada paseo que hago a tu lado, mirando el mundo en silencio.

Yo sé que tu me miras desde lo más alto de los ancestros, y aquí al final de la rama, mi alma te sonríe en los ojos de todos mis hermanos. Tu eres grande y yo pequeño. Cuando te siento a mi lado, aún me hago más pequeño para poder tomar y sentir mejor toda tu grandeza. Cuando tú te vayas, yo seré  lo más grande que pueda, para escucharte con  la humildad que requiere recordarte como un hijo que ama todo lo que ha heredado.

Todo tu linaje es la fortaleza con la que honro a todos los hombres que han vivido para que yo haya llegado a ser un hombre entre todos los hombres. A través de vuestro corazón, miro a todas las mujeres que amaron y me pongo a su servicio sólo en la vida, con un amor luminario por todos sus hijos.

Papá y mamá,  vuestras dificultades para abrir vuestro corazón a la vida, y crecer mirando el sufrimiento de cada una de nuestras familias, las miro y las respeto, y no pretendo obligaros a hacer nada con eso. Abrazo lo que no pudisteis mirar sin ninguna exigencia, con esas dificultades crecí y puedo madurar, sentir la plenitud del amor imperfecto, me ayuda a asentir a mi propio destino con los ojos abiertos y las manos extendidas.

Vosotros sois mis padres, en mi corazón siempre estáis juntos. Vosotros sois quienes unís todas las partes de mi cuerpo. Ahora yo soy el árbol. Vuestro fruto, que vive de vuestra savia y se eleva desde vuestras raíces.