Talleres de Pedagogía Familiar en Valencia

Formación Pedagogia FamiliarEn Valencia creció mi madre. A los 16 años prendió su habitación con fuego y mientras ardían las cortinas de las ventanas, se marchó de su casa. Odiaba a mi abuela. Vagó perdida durante mucho tiempo y le sucedieron cosas terribles, que yo guardo en silencio, para honrar de lo que tuvo que aprender de su vida, con tanta dureza.

Cuando yo llegué mi madre era muy joven. Y tuvimos que crecer juntos, mientras íbamos de un lado a otro incesantemente, con esa sensación de aventura y desamparo, que da el saber adaptarse a cualquier situación y el no conocer un lugar seguro. Ella lo buscaba en un hombre que la cuidara como no habían hecho sus padres, yo lo buscaba en ella mientras su dolor no la dejaba atenderme. Sin embargo,  mi amor por mi madre, hizo olvidar mucho de su ausencia. Y a través de su sensibilidad, su forma poética de mirar el mundo, puedo aún sentirla dentro de mi, danzar con algo de su alma sonriéndome, decir lo que ella pensaría al mirar a los niños dibujar sobre la mesa.

Cuando mi hija llegó, yo aún no había sanado las heridas de mi infancia. Fueron momentos devastadores, tiempos en los que yo apenas podía sostenerme en la vida. Iba a tientas buscando algo a lo que asirme más fuerte que el dolor.

Yo no sé qué hace que alguien quiera mirar la raíz del sufrimiento. Sólo puedo expresar que somos empujados más allá de nuestro entendimiento gracias a él. Que no podemos calcular el destino con nuestro sentido de justicia. Que hay una unidad que nos sumerge en una responsabilidad por todos y cada uno, que no tiene tiempo ni motivos por los que uno pudiera asumir alguna gloria o derrota. Porque todo lo que, de alguna manera, hemos venido a vivir, es en gran parte inevitable, debido a que nuestra familia es nuestra familia, y que nosotros somos quienes somos.