ANTES DE ACEPTARNOS NECESITAMOS SENTIRNOS VALIOSOS

No es necesario que sepas quien eres. No es necesario que intentes aceptarte a ti mismo. Pero es indispensable que anheles descubrir lo valioso que eres. Que quieras quererte.

Hay una idea generalizada de que tenemos que aceptarnos a nosotros mismos. Pero tener que aceptarse, sigue siendo una exigencia. Igual que no podemos inducir al cuerpo a una relajación profunda, sin generar una tensión colateral, nuestro ego, nuestra personalidad, no puede hacer que nos aceptemos. Porque justamente está construida desde la idea de que tenemos que cambiar para ser aceptados, reconocidos y valorados.

¿Cómo demonios ibas a cambiar o aceptar tu personalidad desde tu personalidad?

¿Cómo íbamos a aceptarnos si no nos sentimos valiosos? Querríamos aceptar algo que no valoramos. Antes de querer aceptarnos necesitamos sentirnos valiosos.

No podemos encontrar el verdadero valor de quien somos, en la ingenua pretensión de ser otro, de tener otra vida. Olvidemos por un momento todas ideas del crecimiento personal y los manuales de autoayuda.

Se supone que yo no debería estar aquí compartiendo esto. Yo fui un niño que su madre no supo cómo amar. Mi infancia tuvo muchos capítulos de desamparo y de soledad. Por lo que siempre estuve luchando contra una baja autoestima. Siempre busqué el reconocimiento de los demás. ¿Seré suficiente? ¿Podrán quererme ahora en esta familia? ¿Me aceptarán estos niños en este colegio? Haré por ser más listo, por aprender cómo destacar, intentaré saber más que nadie… Además me sentía tan diferente. No estaba seguro si sería bueno o malo que fuera tan moreno, inmigrante, tan sensible, con una madre hippie, sin un padre que viniera a buscarme al colegio.

Así que el mundo no me dió permiso para estar aquí y compartir esto. ¿A ti te ha dado permiso para ser tú?
Pero, ¿sabes? tampoco voy a pedirlo. Quizá tengamos falta de autoestima porque lo estamos pidiendo. ¿Tú estás pidiendo permiso para estar aquí siendo tú?

Voy a tener la osadía de invitarte a que le digas al mundo que te vas a quedar aquí, porque eres valioso tal como eres, y que tu simple y clara presencia es necesaria aquí por el simple hecho de estar aquí. Quiero invitarte a que le digas al mundo que ya está bien de esta mierda de ser políticamente correcto.

Quizá es momento que le digas a quien no quiere apreciarte por lo que eres, que te vas a mostrar sin complejos. Seas fea o desproporcionado según los cánones de la moda, tonto según los test de CI, pelirroja con pecas en el culo, altibaja, cojo, calvo o no tengas ni idea a qué te quieres dedicar, o no tengas el más mínimo interés en tener hijos, ni tener mucho dinero o un novio alto y guapo. Seas como seas, aunque no puedas tocarte el dedo gordo del pie, o no encajes en ningún lugar y no cumplas las expectativas de nadie.

Deja tu vida tal como está, no la toques por un momento. Mírala con atención y date cuenta que la quieres cambiar según las proyecciones de los demás, de tu familia, de tus amantes, de los programas de la tele, de los escaparates de las redes sociales. Solo necesitas mirarte con tus propios ojos. Encuentralos ¿Te ves?

Tengo la osadía de invitarte a que le digas al mundo, que no aceptas su opinión sobre ti, y que te vas a quedar aquí sin hacer el más mínimo esfuerzo en cambiar, y que tu simple y clara presencia es valiosa aquí por razón de lo que eres. Y voy a pedirte que le digas al mundo que ya está bien de esta mierda de ser políticamente correcta. Que vas a irradiar tu propia luz con o sin complejos, sin negociar nada con tus padres, ni con tu gurú, ni con tu jefe.

Eres valioso por cómo sientes, por lo que sientes, por tu forma de tocar a los demás con tu inspiración, con tu forma de mirar el mundo.

Prométete que así, tal como eres te vas a honrar. Aunque los demás no puedan aceptar quien eres, con tus sombras, con tus defectos, con tus errores, con tu maravillosa variedad de fauna y flora, vas a irradiar igual tu luz, vas a entregar igualmente tus dones. Vas a encontrar igualmente tu voz, y vas a elevarla por encima de tus pensamientos de inferioridad, y de las comparaciones que haga la gente.

Y oye, que te va a encantar que te juzguen, porque ahí puedes ver todas tus absurdas opiniones que tienes sobre ti. Así podrás sentir todas las imágenes terribles de cómo pretendes cambiar para que no te juzguen. Y así no tendrás que por ahí diciendo: – perdona, no me juzgues. Dirás: ¡ooh otro juicio, mmmh que bien ahora voy a convertir esa mierda en combustible!

Recuerda cómo empezó toda está basura que nos metieron en la cabeza, de que si fuéramos otros sería mejor. Tú eras muy pequeñito, y estabas jugando en el parque con tu cubo y pala en la arena. Y un niño te quitó la pala, y cuando te pusiste a llorar, te dijeron: Noo cariño, tienes que dejar tu pala a ese niño, tu has estado jugando mucho ratoo, no tienes que ser así. Y cuando querías estar en los brazos de mamá, y te decían: Nooo, eres una caprichosa, todo el rato quieres estar en brazos, no tienes que ser así. Y cuando estabas triste te decían, bah no llores, eres taan dramática. Y cuando te enfadabas, te enfadas por nada, por dios. Deberías sacar mejores notas. Estás engordando. Te pareces a tu padres

Detrás de esos mensajes y actitudes la falta de amor real por quien eres, te hizo creer que no eres suficiente siendo quien eres. Y ahora todos participamos de en las críticas a los demás. Un pequeño rumor. Todo empieza en algo casi imperceptible. En un comentario aparentemente si maldad. En todas los juicios hay una comparación que inevitablemente sube o baja nuestra autoestima que en el fondo está tan dañada..

No podemos sentirnos dignos de nuestra aceptación, sino nos sentimos valiosos.

Porque nadie está nunca totalmente satisfecho con quien eres, y tú entonces pagas con el mismo precio. Así que nuestra sensación de no ser suficientes se incrementa. Hay una sensación de fracaso más o menos grande, según lo complacientes que hemos sido con los demás.

Queríamos que nos aceptarán porque no nos sentíamos valiosos. No nos sentíamos suficientes.

Pero si te conviertes en alguien desafiante, no para los demás sino para ti mismo, cuando sientes que eres suficiente, no para no tener complejos ni para querer ser mejor, sino para atreverte a que no te importe una mierda tus complejos ni tus defectos ni tu inteligencia ni tu guapura ni tus propias ideas acerca de ti mismo. Porque te das cuenta que no vas a encontrar nadie mejor que tú para vivir tu vida. Tu vida es la mejor para ti.

Permítete mirarte al espejo cada mañana por un mes y decirte:
Estoy orgulloso de ti por: Haberte dejado herir por el amor. Estoy orgulloso de ti por tu generosidad, por buscar un modo de reconciliarte con tu vida, por amar de este modo a tu hija. Por tu constante inspiración para servir a los demás.
Acepto las consecuencias de mi ignorancia, y mi forma de rechazarme en cada relación, en cada trabajo, buscando el reconocimiento de los demás. Asumo las consecuencias de no haber sabido amar a quien me ha amado. Asumo las consecuencias de haberme hecho daño.
Me comprometo a: dar consuelo y afecto al niño que habita en mí, y hacerlo jugar y crear. Dejar de esperar que los demás lo cuiden. Me comprometo a valorar lo que doy y lo que recibo por igual. Me comprometo a dejar de compararme. Me comprometo a mirarme con honestidad sin pretender dar otra cosa que lo que soy. Me comprometo a hablarme bien y a cuidar a los demás tal como quiero ser cuidado.

Entonces cuando nos vemos desde este reflejo de humildad por ser quienes somos, yo me acerco a ti, entro dentro de tu relación contigo mismo, y algo me sucede. En esa proximidad siento algo que me contagia y me hace sentir lo mismo por mi que tu sientes por ti.

Aún con todos nuestros intentos de cambiar, después de 30 años, nos hemos dado cuenta que en realidad no hemos cambiado casi nada. Te lo digo por experiencia. Y entonces comprendo que:

Sólo siendo yo, puedo saber quien soy. Otra vida, otro lugar, otro tiempo, no me harán más feliz. Ni me permitirán saber quién soy
Los demás sólo siendo quienes son, pueden descubrir quienes son. Cuando intento cambiarlos, cuando intento ajustarlos a mi modo de ver, estoy diciéndoles que yo tampoco soy feliz siendo quien soy.

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