CÓMO CONVERTIR A TU HIJ@ EN UN TIRAN@. Manual para tener hijos con actitudes narcisistas

 

Un psicólogo daba charlas con el título

«Diez reglas de oro para criar a tus hijos».

Luego tuvo un hijo y empezó a hablar de

«Cinco recetas para criar a tus hijos»;

tuvo un segundo hijo y las charlas pasaron a llamarse

«Tres ideas para intentar educar a tus hijos».

Cuando tuvo el tercer hijo, dejó de dar charlas.

 

¿A quiénes llamamos «tiranos»? Al hijo que desobedece, descalifica, amenaza, coacciona y chantajea a sus padres hasta el punto de intimidarlos y dominarlos. A la hija que consigue salirse siempre con la suya, sin importar cuáles sean los medios, desde la presión psicológica constante hasta el insulto más brutal e incluso la agresión física.

Sin embargo, muchos tiranos no necesitan llegar a ejercer la violencia física: han aprendido a coaccionar mediante la amenaza sutil, el gesto irritado, el silencio cargado de reproches. Han aprendido, incluso, que agredirse a ellos mismos o amenazar con suicidarse o escaparse de casa son formas especialmente eficaces de imponer sus deseos y controlar a sus familias.

Por desgracia, ninguna de las recomendaciones que haré son universalmente eficaces, entre otras cosas porque todas dependen de las circunstancias, el tipo de educación familiar, el contexto y la edad del niño. Me voy a permitir dar algunas indicaciones más cognitivo-conductuales, que aunque a riesgo de sonar a recetas pueden dar indicaciones para reflexionar más que para obedecer a pies juntillas. 

En realidad, todos los padres cedemos con cierta frecuencia, y nos enfadamos en momentos puntuales; la clave para que estas pautas te ayuden a construir un niño tirano es que las apliques de forma consistente. Me vais a permitir este tono irónico, sólo por el juego de la paradoja y la observación aguda sobre el funcionamiento familiar narcisista y para invitar a la reflexión con cierto humor. 

¿Qué hay que hacer para criar tiranitos en casa o pequeños con rasgos narcisistas?

  • Ceder a todos los caprichos: prohibido poner límites y decir que no

¿No es sencillo comprarle otra bolsa de golosinas a la niña, sabiendo la alegría que se va a llevar (y previendo el numerito que puede organizar si no se la compramos)? ¿No resulta tentador cocinar de nuevo macarrones con tomate, sabiendo que le gustan tanto (y sabiendo también que se negará a comer el pescado)? ¿No es comprensible dejar que el niño duerma con los padres indefinidamente hasta que él decida estar preparado? 

Recuerda que dar largas explicaciones después de un “no”, entrando en discusiones y justificaciones por lo que no debe hacer algo que resulta casi obvio, funciona en realidad como un “sí”.

En los límites los hijos crecen en una relación con sus padres de seguridad y confianza, y eso no es conveniente siempre que se quiera que el único criterio que se considere válido es el del propio hijo. Muchos padres creen que límites y libertad no pueden ir juntos. 

  • Donde manda un niño, no manda un adulto

Una buena forma de aplicar esta pauta es dejarse interrumpir en cualquier conversación, sea por teléfono o en persona: si estás hablando con tu pareja o con otro adulto y su hija salta con cualquier otro tema, deje inmediatamente el hilo de la conversación que mantenía y dedique toda la atención a la criatura.

Otra forma eficaz de transmitir este mensaje de importancia a su hijo es dejar que él tome la mayoría de las decisiones que afectan a la familia, desde qué actividades hacer el fin de semana hasta dónde pasar las vacaciones, qué comida hay que hacer para cenar, o qué tipos de cosas están permitidas en casa y cuáles no. 

Darle la prioridad a los niños sobre la pareja es infalible para desarrollar el narcisismo tan deseado en los niños. 

  • Enseña irresponsabilidad

Para empezar a criar un tirano solo hace falta seguir haciendo las cosas por ellos cuando ya podrían hacerlas perfectamente solos: seguir limpiando los dientes al niño de 6 años, continuar untando la tostada a la niña que ya tiene 10 y recoger los «juguetes» (en este caso, las latas de cerveza y los envases de patatas fritas) al adolescente.

  • Entrena a su hijo a tener la razón y a para tener rabietas

Si de pequeño el niño aprende que una rabieta sirve para revertir una negativa inicial de los adultos, aprenderá también a ir adaptando la forma de las rabietas según se vaya haciendo mayor. Las posibilidades son casi infinitas.

Hay diversas maneras de promover y aprovechar las rabietas de sus hijos. Una buena idea es adelantarse a la mala conducta de su hijo explicándole cómo portarse mal. Esto, que parece una genialidad, no es en realidad tan inhabitual: hemos visto con frecuencia progenitores que crean verdaderas «profecías autocumplidas» al explicar con detalle a su vástago todo lo que NO debe hacer a continuación. El «ahora que vamos al médico, ni se te ocurra escaparte corriendo ni tirarte al suelo ni ninguna de esas cosas» da al niño instrucciones precisas sobre cómo molestar al adulto y, por ende, acerca de cómo multiplicar las posibilidades de salirse con la suya.

De todas formas, la manera más eficaz de promover las rabietas es ceder ante ellas. En contra de lo que pueda parecer, aquí no se trata de transigir rápido; al contrario, deje pasar un tiempo, no acceda a la primera, prolongue la duración de la rabieta lo más posible y ceda entonces. De esta forma, estará enseñando a su hija que la rabieta, para ser eficaz, debe ser lo bastante larga. Eso, además, le da más tiempo para prestar atención a su hijo rabioso, con lo cual reforzará convenientemente su conducta (des)controlada. 

  • «Dando ejemplo»:  Sé un tirano con tu hijo

Una manera diferente de abordar la creación de un pequeño tirano es la de servir de modelo sobre cómo comportarse de forma despótica, proporcionando un valioso ejemplo que seguir.

Una buena manera de tiranizar a su hijo es plantearle exigencias constantes, de modo que, en cuanto cumpla una de sus órdenes, reciba la siguiente, y así sucesivamente.

Sobreexigir a su hijo es una excelente forma de terminar provocando respuestas agresivas en él, iniciando así un ciclo que tenderá a ir a más. El resultado será mejor si estas exigencias son, además, excesivas para la edad y las capacidades del niño; enfrentarse a demandas imposibles de satisfacer garantiza la frustración del niño y una merma de su autoestima: por ejemplo, exigir que un niño de 4 años esté quieto dos horas «sin moverse» o que no solo obedezca, sino que lo haga siempre a la primera.

Otro ingrediente que puede usted añadir a este cóctel es el de no elogiar ni reconocer nunca los logros de su hijo, pero sí criticar todos sus fallos (que serán muchos, si realmente ha conseguido que las exigencias sean excesivas). De esta forma, irá minando su autoestima y promoviendo su inestabilidad emocional, lo que aumentará las posibilidades de que se comporte de manera desequilibrada y agresiva.

Finalmente, una tercera opción es la de adoptar siempre un tono de absoluta frialdad e implacable indiferencia. Esta actitud despersonaliza a tu hijo y no le deja margen de acción, por lo que asimismo es propicia para conseguir resultados sorprendentes.

  • Minimiza y justifica las pequeñas agresiones de tu hijo

La idea es muy simple: si lo que quiere es tener un hijo tirano, refuerce de forma sistemática cada conducta agresiva de su hijo, prémiele cuando trate mal a los demás y ayúdalo a que aprenda que ese comportamiento es aceptable y que no tiene consecuencias negativas. Una buena opción es que, en vez de ponerse serio, le ría la gracia si insulta a otra persona o se comporta de un modo caprichoso. 

  • Pierde los papeles

levantar la voz,  gritar a su hijo, es decir, usar la fuerza en todos los sentidos y ponerse al nivel del niño: si su hijo le ha gritado, gritale tú; si lo ha insultado, haz lo mismo; si incluso ha llegado a pegarle, aproveche para hacer lo mismo. Esta estrategia no solo evitará que su hijo se corrija, sino que permitirá generar en él una dosis considerable de hostilidad y resentimiento. 

  • Padres divididos, hijos desamparados

Cualquier niño de cualquier parte del mundo sabe intuitivamente que una estrategia excelente para salirse con la suya es dividir a sus padres. Es, además, una estrategia fácil de aplicar, ya que inevitablemente el padre y la madre (o los dos padres o las dos madres) tienen puntos de vista diferentes. El tirano aprende a emplear con verdadera profesionalidad el «divide y vencerás», aprovechando al máximo estas diferencias parentales e involucrando también en ellas a otros miembros de la familia: una abuela o un abuelo pueden ser grandes aliados para derrotar a los padres.

– Tomad decisiones educativas sin consultar el uno con el otro.

Por ejemplo, imponga un castigo o prometa un premio importante sin hablarlo con su pareja. Eso facilita que el otro no se atenga a lo que uno ha establecido, con la ventaja adicional de que luego podrá acusarlo de no seguir la «línea común».

– Deshazte los esfuerzos educativos del otro progenitor.

Si su marido ha prohibido a su hijo jugar con la playstation esa tarde, dale permiso para ello. Si la madre ha decidido que su hijo recoja la mesa después de comer, hágalo usted por él.

– Desautoriza al otro progenitor a espaldas de él.

Cuestione sus decisiones e infravalore sus aptitudes. Por ejemplo, si va a permitir que el niño juegue en el ordenador, haga algún comentario del tipo «Juega un rato, es que tu padre no se entera de que estos juegos también son educativos». Si evita que el chico recoja la mesa, aproveche para decir: «Ya lo hago yo; yo no soy tan tiquismiquis como tu madre». Una forma especialmente sutil de criticar a su pareja y reforzar la conducta tirana de su hijo es que, cuando lo reprenda por algo, se apresure a añadir la coletilla «Es que eres igual de… que tu padre / madre».

– Discutid delante de él.

Por supuesto, el grado máximo en esta estrategia de presentar un frente dividido ante el hijo se alcanza cuando los adultos no solo se quitan la razón el uno al otro, sino que discuten delante de él. Verlos discutir puede causar inicialmente cierto sufrimiento incluso al dictadorzuelo más endurecido, pero después le provocará un instructivo sentimiento de superioridad y victoria.

Por supuesto, cuando los padres se divorcian o se separan aparecen muchas más oportunidades para que esto suceda, y no hay que desaprovecharlas.

  • Evita los acercamientos y los gestos de reconciliación

¿Cómo hacer para no cometer un error en esos momentos de posible debilidad? Sobre todo, trate de ver solamente al tirano, no al hijo: céntrese en lo negativo, alimente una sensación de sordo resentimiento contra él, fíjese en todo lo que ha llegado a despreciar en él. Olvide esa época de su vida en que se sentían más cercanos; borre de su memoria los buenos recuerdos compartidos. Si aún así en alguna ocasión se equivoca, si insinúa un gesto de acercamiento o se le escapa un detalle cariñoso, no dude en corregirlo inmediatamente.

 

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