DEL CONFINAMIENTO IMPREVISTO AL DESCONFINAMIENTO PLANIFICADO.

Distanciamiento social. Refugio en casa. Disminuir el contagio y el contacto social. Hace tres meses, nunca habíamos pensado en estos términos. Ahora, se han convertido en características definitorias de nuestras vidas. Hemos adoptado este vocabulario como un medio para comprender este período extraño que estamos viviendo. Nuestro temor no es tanto por una amenaza microscópica, sino por una nueva realidad social que ha aparecido como un escenario posible a partir de ahora.

Todo el stress generado en este escenario, no es algo inofensivo. El stress es multidimensional, y toca diferentes áreas de nuestra salud relacional y psicológica. Desglosarlo en partes, y poner nombre a cada cosa, es crucial para nuestra salud, seguridad y cordura. Podemos imaginar que todo el conflicto latente que aún no se ha podido expresar emergerá en el momento del desconfinamiento, durante meses, quizá años.

DUELO e INCERTIDUMBRE  EN EL CONFINAMIENTO

Estamos lidiando con la incertidumbre prolongada, la sensación de que, no solo nos sentimos inseguros, no sabemos cuándo terminará nuestro sentimiento de incertidumbre. Nos preguntamos si seremos despedidos, enfrentaremos reducciones salariales o perderemos nuestro trabajo (si aún no lo hemos hecho). Ya era bastante difícil como madre soltera.

Ha habido mucho apoyo psicológico en estos tiempo de confinamiento. Pero se ha considerado poco lo que se debería atender en el momento del desconfinamiento. Cómo iba a afectar todo lo que habíamos reprimido, evitado, o simplemente, no habíamos podido gestionar emocionalmente. Sin contar toda la problemática sociofamiliar que ha quedado sumergida y silenciada en muchos hogares llenos de violencia. Todo esto emergerá poco a poco, y otras veces de pronto. Los profesionales del ámbito social y terapéutico debemos estar preparados para poder atender está nueva situación.

Esta es una pérdida en una escala masiva.  Pero no es simplemente “tenía esto o aquello  y ahora ya no lo tengo”, es una pérdida ambigua, la sensación de que hemos perdido tantos elementos intangibles de nuestra vida cotidiana, que apenas podemos identificar lo que estamos perdiendo.

En este momento, la pérdida ambigua es acumulativa. Es una pérdida de la forma en que hemos vivido; los límites entre trabajo, hogar, escuela y familia; nuestros planes, viajes, fiestas de cumpleaños; y una pérdida de seguridad y confianza en nuestro liderazgo. Y debido a que es ambiguo, es difícil saber que estamos en un duelo.

Es necesario comenzar a elaborar el duelo, dándonos cuenta primero de lo que sentimos que hemos perdido en este proceso. Antes de naturalizar nuestros sentimientos, reconocerlos, darles un lugar de respeto, sin negar ni posponer el miedo, el dolor, la pérdida, del trabajo, la cercanía de la amistad, el tacto familiar. Y muchas veces, la pérdida de significado debido a la soledad, donde no nos hemos sentido atendidos, con un mensaje claro de la importancia de nuestra vida en la vida de los demás. Alguien se ha olvidado de nosotros, nos hemos olvidado de alguien al olvidarnos de nosotros…

Elaborar el duelo, significa poder despedir lo que hemos sentido, y lo que no hemos podido vivir según nuestras necesidades o expectativas. Dejar ir el dolor, el resentimiento, el enfado, la tristeza, la necesidad de tener la razón sobre cómo debería haber sido este proceso.

Después de semanas en cuarentena, sabemos que todas las emociones que comprenden nuestra incertidumbre prolongada, pérdida ambigua y dolor anticipado siempre están buscando un lugar para aterrizar. Pero en vez de que se dirijan inconscientemente hacia lugares equivocados, es necesario saber cómo vamos a transformarlas al sublimarlas en actividades, en nuevos encuentros donde no nos debemos quedar estancados hablando de lo que no pudo ser, o lo indignante de la situación.

En cuanto al miedo: Sólo hay dos miedos naturales, fisiológicos: Al nacer sólo tenemos dos miedos, miedo a caer, y miedo a los ruidos estridentes. Todos los demás miedos son aprendidos por imitación o por educación, por lo que todos los miedos son mentales.

El miedo a exponerse al juicio de los demás, como el de equivocarse, quizás sea uno de los más extendidos, y el más común de los 5 miedos psicosociales, aunque seguramente constituya uno de los más paradójicos.

Y lo es por el simple hecho de que lo que piensen los demás de una persona trasciende al control de ésta. Es una utopía querer controlar los juicios de los otros, como lo es querer tener la certeza, de que seremos capaces de controlar la nueva situación que se derive de la toma de una decisión.

Buda sabiamente comprendió que “La búsqueda de certidumbre conduce a la incertidumbre”. No hay que caer en la trampa del exceso de rigor o certeza,  que conduce a la asfixia de la capacidad y la toma de decisiones.  Tenemos que acostumbrarnos a vivir con la probabilidad y no con la certeza, porque de ahí sólo partimos hacia la inseguridad y al bloqueo.

La certidumbre sobre nuestra situación personal o profesional, es una fantasía. A estas alturas un poco de filosofía estoica es indispensable. Todo lo que consideramos seguro, como si hubiera algo inamovible en la vida, es puro cuento Disney.  Lo que hemos logrado con tanto esfuerzo, lo que consideramos una herencia natural, mañana se puede desvanecer inevitablemente. Lo sabemos, pero no queremos reconocerlo. Tu trabajo, tu dinero, tu salud, tus seres queridos, pueden desaparecer, sin necesidad de una gran catástrofe.

¿Qué nos hace actuar como si nunca fuera a pasar? Y peor, aún: ¿Qué nos hace creer que tenemos el derecho a tener una certeza constante? Nunca hemos tenido ninguna certidumbre, y ahora tampoco. Hemos de prever eso: No podemos controlar nada. Pero  podemos prepararnos para saber cómo responder ante ciertas pérdidas. Las circunstancias pueden ser las que sean, pero la actitud es nuestra.

Una vía para superar el miedo es evocar nuestras fantasías de terror. Vendría a ser como Shakespeare escribió: “el loco es aquel que intenta expulsar su propia sombra y se pierde en ella”. Si podemos considerar que nuestros miedos son aliados y no enemigos, y podemos conversar con ellos, hacerlos nuestros, no algo contra lo que luchar, justamente por no tenerles miedo, perderán su fuerza y nos dejarán de visitar obsesivamente.

Hablemos de nuestros miedos, evitemos que se conviertan en secretos, pero tampoco los tratemos como realidades absolutas. Es una probabilidad, a la que tenemos que estar preparados, justamente porque la hemos estado mirando de frente.

Pero ¿quién se las arregla bien en una crisis ?

Sorpresa: no son los que siempre miran el lado positivo. Son aquellos que cultivan una actitud de optimismo trágico, un término inventado por Viktor Frankl, un psiquiatra, sobreviviente del Holocausto, que se refiere a la capacidad de mantener la esperanza y encontrar significado y un propósito a nuestra crisis. “La capacidad humana de convertir creativamente los aspectos negativos de la vida en algo positivo o constructivo”. Convertir algo traumático en un crecimiento postraumático.

Si podemos cultivar el optimismo trágico, tenemos la oportunidad de facilitar el crecimiento postraumático. Y si lo hacemos juntos, podemos volvernos colectivamente más resilientes. Este es un momento en que muchos de nosotros que hemos sido criados con la idea de la autosuficiencia y el autocontrol nos estamos dando cuenta de que somos interdependientes y necesitamos apoyo. Este es un momento para la dependencia mutua y colectiva.

Entonces, ¿qué podemos hacer con el stress en este momento?

  • El primer paso en la regulación del estrés, es nuestra capacidad para identificar y articular nuestros sentimientos, ya sea para nosotros mismos, en nuestro trabajo o nuestros seres queridos. Mentalizar lo que estamos sintiendo, es el paso siguiente a empatizar con lo que estamos viviendo.

No solo digas “¡Estoy estresado!” Intenta expresar tus sentimientos con palabras de mayor complejidad emocional. Cuanto mejor describas tus sentimientos, mejor puedes mentalizarlos e integrar las emociones.

De lo contrario, los miedos y ansiedades de los demás, te estresarán más y contribuirás a un estado de angustia empática: si no eres consciente y aceptas tus propios sentimientos, no te conectarás con los sentimientos de las personas que te rodean. Incluso puede evitar que se conecten con tus sentimientos, porque no permites los suyos.

  • Identifica sus factores desencadenantes del estrés (pensamientos, hábitos, formas de alimentación) y siente sin recelo cada emoción sin juzgarla como negativa o positiva: culpa, vergüenza, impotencia, desesperación, irritación, ira, insuficiencia, confusión, desconexión, soledad, ambivalencia, así como gratitud, amor, respeto y compasión.
  • Proponte intervenciones pequeñas y fáciles, desde desde el conocimiento de tus propios recursos, y  la confianza en los recursos del otro, con una actitud centrada y presente. Libre de conceptos o pretensiones de manual de autoayuda.
  • Presta atención a lo que estás prestando atención: noticias, información y conversaciones. Desecha intransigentemente lo que no ayuda a ayudar(te). Haz por no estar en modo multitasking. De eso modo no puedes atender plenamente lo que estás haciendo. La falta de concentración genera estrés, y una sensación adictiva de buscar cada vez más estímulos complacientes para compensar la sensación de vacío, que genera la falta de atención.

No hace falta haber hecho un curso de mindfulness, para saber que no hay presencia, ni eficiencia ni ningún disfrute pleno en comer mientras ves la tele, y pasar de tu pantalla de trabajo a la de facebook.

Las estrategias a corto plazo comienzan en tu cuerpo. Un ritual para tu salud física con respiración y estiramiento, te ayudará a liberarte del stress acumulado emocional y físico.  A recuperarte.

  • Comprender que prosperar no siempre significa ser productivo. Busca espacios sin hacer nada de nada, donde te enfoques en ti, en cómo estás ahora. La mente además de usarla debemos nutrirla: Y se nutre en el descanso profundo y consciente (meditación), además de en el sueño.

Resistamos el consejo de solo mirar hacia el futuro. Si hay que atender algo es el presente. Ayudar visualizar el futuro para encontrar activamente las posibles ansiedades y darles solución, pero no ayuda generar expectativas, que se suelen basar en el miedo a que algo no suceda.

Ahora, también, es momento para escuchar las lecciones del pasado. Aquellas historias que nos contaban nuestras abuelas, y no escuchábamos con mucha atención, generalmente. Recuperar la memoria histórica. Atender esa narrativa que se ha transmitido en nuestras familias y culturas, que tratan con la adversidad, la superación y el logro.

  • Esta no es la primera vez que nos levantamos para enfrentar un desafío social o familiar. Asocia tus respuestas resilientes de otros momentos, y no te dejes convencer por la apariencia de la situación. “Esto es muy diferente, es un confinamiento de mucho tiempo, es una situación mucho peor, las consecuencias…” Cualquier actitud o capacidad se puede extender a cualquier otra situación con un poco de creatividad y disciplina.

Algunos de nosotros hemos crecido entre la dificultad y la pérdida y estamos descubriendo que estamos bien preparados para este momento.  Ten la disponibilidad para ayudar a cambiar el diálogo interno, de las personas que no pueden mirar su situación más que desde un ángulo. Comparte tus historias y pensamientos de resiliencia. Busca las personas que comparten lo que les pasa desde un lugar que puedas sumar fuerzas, únete, crea comunidad resiliente. La palabra es una arma cargada de futuro.

  • No es necesario entregarse a discutir otros argumentos pesimistas,  o discutir con otras ideologías políticas, o que se oponen a tu forma de pensar, por menos razonables o estúpidas que sean. Te restas confianza, poder y fuerza. Alimentas el enfado, y el conflicto social. Eso no significa ser ingenuo ni engañarse a uno mismo. Pero cada uno tiene argumentos basados en su propia inteligencia emocional y mentalidad.

Igual que es improbable que cambies de opinión en medio de una discusión con alguien que te cuestiona algo, es improbable que transformes la percepción de alguien al confrontarlo.

  • Es necesario revisarse el uno al otro frecuentemente, en casa, con los amigos, con los compañeros de trabajo.  ¿Cómo estás? ¿Quién te dijo que no estaba muy bien, y hace tiempo que no le hablas?
    A veces pasamos mucho tiempo cerca de alguien y se nos olvida que en un mismo día, puede estar pasando por diversos procesos. Recuerda que cuando atiendes a los demás, es más fácil que también te sientas atendido.
  • Organiza o únete a un grupo significativo. Los grupos virtuales nos mantienen sociales, activos, responsables y son un recurso compartido increíble. Los padres deben hablar con otros padres. Los niños deben hablar con otros niños.

Aunque no  estés sólo durante el confinamiento, llama a tus amigos y comparte lo cotidiano, mientras cocinas, ordenas o incluso te das un baño. Eso es lo que sucede en la vida normal. Deja la cámara encendida mientras cocinas. Nos encanta cuando alguien se para en la cocina para hacernos compañía, mientras cocinamos o limpiamos. No tenemos que renunciar a eso.

  • Ponerse al Servicio. Nada más poderoso puede sacarnos de nuestra depresión, culpa o aburrimiento como ayudar a otros. Nos da un sentido de propósito y nos capacita de manera inusitada para actuar de un modo que no hubiéramos pensado. Mira a tu alrededor, y encuentra el modo de ayudar. Hay toneladas de organizaciones que necesitan tu ayuda virtualmente.

Pregunta directamente a tus amigos, quién necesita ayuda. Aunque te parezca que no estás en situación de ayudar, siempre hay alguien para quien tu capacidad de superación es un logro imposible. Acepta la ayuda también de quien quiera ofrecértela, eso también es un acto de generosidad y resiliencia. Le permites a alguien que se sienta útil y encuentre sus propios recursos para ponerlos al servicio.

  • Poder hablar de la muerte, y la probabilidad que pase en tu familia es un acto de resiliencia inmenso. Esto puede parecer aterrador, pero considerarlo te ayudará con muchos miedos que estás experimentando tú y de quienes están cerca tuyo.

Puede llegar un dia que aparezca un sentimiento diferente o extraño, una mayor ansiedad  o un miedo irracional. Puedes tener cinco años y tener que comenzar a ir a la escuela, puedes tener cincuenta y no saber cómo lidiar con una nueva situación profesional.

No importa nuestra edad o etapa personal, cuando el estado mental que experimentamos es algo desconocido, nos sentimos fuera de control e inseguros. Entrena tu mente regularmente a salir de la zona de confort. Métete en tu cuerpo. Identifica lo que sientes. Comunícalo.

EL DESCONFINAMIENTO PLANIFICADO: DE LA REPRESIÓN A LA CONTENCIÓN EMOCIONAL

Una situación de aislamiento, de distanciamiento social que no ha podido ser bien planificada, impuesta de un modo urgente, genera la sensación de que no hemos podido tomar decisiones. Y sentir que no estamos tomando decisiones dificulta tomar decisiones. Eso sumado a la represión emocional por no tener recursos para expresar el malestar que genera un confinamiento tan prolongado, genera una sensación de frustración y pérdida de poder. ¿Cómo podemos revertir los efectos? Con un desconfinamiento consciente, planificado.. Los profesionales del ámbito socioeducativo y terapéutico, sabemos que los efectos de este confinamiento prolongado va a tener secuelas en muchas personas, con efectos de estrés que se sumarán a las situaciones de salud mental, familiares y económicas que están viviendo.

Aquí desarrollo algunas propuestas para la ayuda en este proceso, minimizando el efecto rebote o pendular de este confinamiento, y en general de cualquier crisis.

1. Recuperar la capacidad de decisión, implica recuperar la sensación de liderazgo  de nuestra vida, con actitudes y rituales sencillos. Delegar la responsabilidad de decidir a otros sobre lo que debemos sentir, es la forma más rápida de debilitarnos. Y por cierto, es una de las tácticas que utilizan personas ante el pánico que experimentan frente a una elección. Pero sólo somos libres cuando somos responsables de nuestras decisiones.
Asumir la responsabilidad a pesar de las condiciones que nos rodeen, aumenta poderosamente nuestra resiliencia. La capacidad de toma de decisiones que tenemos generalmente, se ha perdido en estas últimas semanas, y la sensación de liderazgo sobre nuestra propia vida, se ha quedado resentida. Generalmente infravaloramos el impacto que puede tener un ritual matutino diario. Lo que ganamos en las primeras horas de la mañana, lo hemos ganado en una sensación de logro para todo el dia. Esto que conquistamos las primeras dos horas del día construye una confianza y una determinación que se extiende a cada relación, a cada situación que el dia trae.

En una situación de rutina es fácil que nos desempodere al ir dejando de tomar decisiones que tienen que ver con lo cotidiano, con las relaciones y situaciones diarias. Por lo que organizar bien nuestro trabajo diario, qué queremos hacer y cuándo lo vamos a hacer, tener claro que vamos a comer, son pequeñas decisiones que nos permiten estar conectados con nuestra autonomía y capacidad de liderazgo, de un modo consciente.

2. De la represión a la contención emocional. Todo lo que hemos vivido de un modo que de un modo imprevisto, nos ha dado poco margen de maniobra, unido a la pérdida laboral, económica y muchas veces, a un confinamiento precario, genera una experiencia de represión, que puede manifestarse, de un modo explosivo y poco saludable para nosotros y los demás.
De nuevo la clave, es la atención a lo que se está abriendo paso en nosotros, y que había quedado en un pozo ciego debido a la represión que hemos generado en está situación de dificultad. Como bien sabemos, todo lo que hemos reprimido buscará un canal donde poder expresarse. El placer de la descarga emocional, es un placer muchas veces destructivo, o al menos poco constructivo. Pero más allá del placer inmediato, no facilita comunicación ni autoconocimiento. La recompensa o la gratificación de la aterrizar la energía acumulada (aunque haya sido por represión) construye, abre un camino para ser explorado.

Contención significa poder reconocer la dificultad sin huir del dolor causado, y poder abrazarlo. Ofrecerle una mirada clara y un sentido. Permitirle que se exprese de un modo dirigido y consciente, para que no nos descompense emocionalmente, para que no nos explote en las manos, y después debamos dar respuestas de emergencia. Muchas veces es mayor la reacción de una contusión del propio organismo, que la propia contusión. Si no envolvemos el golpe con un paño frío, el hematoma puede llegar a ser aún más exagerado y doloroso.

3. La actitud de servicio. La cooperación como antídoto. No digo nada nuevo si digo que al ponernos al servicio de los demás no permite conectar con recursos propios muchas veces no reconocidos, e incluso magnificarlos. Nos permite percibir un significado mayor a nuestra vida, se amplía nuestro sentido porque al ponernos al servicio de los demás descubrimos de un modo experiencial, que formamos parte de algo mayor que nosotros mismos y nuestras ideas. Muchas personas en medio de una crisis o una situación personal difícil, quedan autocentradas en sus necesidades, y no pueden tener una perspectiva mayor por el efecto egocéntrico del propio dolor. Ponernos al servicio de los demás nos otorga mayor fuerza y resiliencia no sólo para atender a los demás, sino para elaborar nuestros propios problemas. Y por supuesto, nos da una mirada de cierta relatividad sobre la magnitud de nuestra tragedia.

4. Desarrollar el dominio del lenguaje que nos permite contar lo que nos pasa, nos hace ganar confianza en nosotros mismos porque nos permite conectar mejor lo que sentimos, y elaborarlo de un modo más consciente.  Y sobre todo poder explicarlo, nos fortalece y permite valorar nuestra red afectiva de familiares y amigos, al recibir feedback de ellos, mostrando lo que estamos viviendo. Generando un tejido de relaciones que nos sostienen mejor. Y muchas veces a otras personas que empatizan con nuestra narrativa,  les sirve de inspiración para elaborar mejor la suya. Para crear diálogos resilientes que nos sacan de la soledad y el desamparo de las situaciones que muchas veces no sabemos cómo lidiar, o que después de mucho tiempo, nos desgastan o minan nuestros recursos emocionales.

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