EDUCAR SIN CASTIGOS

Durante muchos años trabajé en centros residenciales de acción educativa, haciendo de educador con niños y adolescentes que tenían serias dificultades para hacer caso a los adultos de referencia, para confiar en los educadores y educadoras.  Estos niños habían vivido en la calle, venían de situaciones familiares multiproblemáticas, habían crecido en contextos poco seguros, donde el sentido de supervivencia física y emocional habían regido su forma de relacionarse y comunicarse.

En mi aprendizaje como educador social, como te puedes imaginar,  cai en todos lo errores posibles, querer imponer mi autoridad, poniendo castigos, gritando, y muchas veces imponiendo la fuerza. El resultado de eso siempre era mayor resistencia y desconfianza, lo que implicaba comenzar de nuevo para poder llegar a construir un apego seguro. Aunque muchas veces no se lograba hacer, bien por falta de recursos o la propia incapacidad de aquél momento.

La comunicación debe ser muy honesta y respetuosa a pesar del enfado o de la reacción  del niño, pero si no hemos construido la suficiente resiliencia y paciencia para mantener la serenidad, ya podemos tener toda la buena intención del mundo, pero nuestros conocimientos no van a servir de nada.

Estas 5 aspectos de la comunicación con los niños y adolescentes funciona a partir de que saben hablar, para que se pueda razonar algunos puntos del diálogo. 5 condiciones que comienzan con R para poder recordar con mayor facilidad.  5 condiciones que se requieren en la respuesta a la actitud o el comportamiento que consideramos inadecuado en nuestro hijo, y que se deben cumplir indispensablemente para que nuestro hijo o alumno pueda aceptar como una propuesta, que permita la corrección de un comportamiento a la vez que le permite revisar su elección y pueda recurrir a la reflexión y la responsabilidad.

 

La respuesta ante una actitud o comportamiento inadecuado deben ser:

1. RESPETUOSA. No respondas a la situación si no puedes ser respetuoso con tu hijo en ese momento. Espera el momento oportuno. Paciencia es la señal de amor más grande que le podemos dar a un hijo. Si en un momento ves que no puedes responder de la manera adecuada, puedes decir simplemente: De este tema hablamos después…

Muchos padres y educadores pretenden que los niños hagan caso cuando se les dice algo con enfado y desprecio, pero justamente mostramos nuestra falta de autoridad emocional sobre las circunstancias y sobre nuestros hijos si no los tratamos con dignidad.  Todos hemos visto y seguramente lo hayamos hecho, hablar con falta de respeto a un niño delante de sus amigos, de otros adultos. ¿Qué le queda a un niño cuando somos déspotas con él? ¿Qué puede hacer nuestro hijo cuando le obligamos a hacer algo? Someterse o rebelarse.

2. RELATIVA AL COMPORTAMIENTO, para que la respuesta o la medida educativa tenga sentido. Si hemos educado desde la responsabilidad y el respeto, por lo general, no es necesario obligar a que  nuestro hij@ haga algo. Simplemente, le devolvemos la responsabilidad y el poder sobre sus propias decisiones. Los niños deben comprender que sus acciones tienen consecuencias en la medida de su capacidad y de sus responsabilidades, por lo que si estamos educando de una manera coherente y clara, los niños elegirán lo que les hace bien y les hace sentir reconocidos. Podemos poner un límite, y debemos hacerlo, no tanto por una cuestión normativa, sino porqué en los límites los niños se sienten seguros, y pueden sentir la confianza en que los estamos atendiendo desde sus necesidades y sentimientos.

Recuerdo una vez, que mi hija me preguntó a qué hora debía volver a casa de noche, un dia de fiesta mayor. Le dije, cuando quieras volver enviame un mensaje. Y me contestó, enfadada: no, papa! dime una hora para volver! Pude darme cuenta que no le estaba facilitando un contexto seguro, donde ella se sintiera que me preocupaba por ella y la estaba atendiendo, cuando yo creyendo que lo hacía desde la confianza lo que estaba generando en mi hija era desconfianza. Los hijos se sienten seguros cuando nosotros como padres o educadores les mostramos que sabemos qué es lo mejor para ellos, atendiendo sus necesidades y capacidades.

Cuando decimos que una compensación , una reparación por parte de nuestro hijo debe ser en relación a su comportamiento no significa que tiene que gustarle la consecuencia, pero tiene que sentir que es equilibrada y coherente. Si nuestro hijo ha llegado tarde o no ha recogido la habitación, ¿qué tiene que ver castigarlo con no ver la televisión? Un castigo es justamente eso, una respuesta que no tiene relación con la conducta. Pero el castigo lo que genera es miedo y culpa, y hemos visto que el castigo no educa, adoctrina. Merma la autoconfianza, erosiona la autoestima. Y genera la necesidad de vengarse, en contra de el otro o de uno mismo.

Algo muy diferente es decirle: el próximo dia antes si quieres salir a jugar debes recoger la habitación, en vez de castigarlo sin ver la tele o  quitándole el móvil por no haberlo hecho. Si cada acción inadecuada tiene una respuesta relacionada, el + 80% de las veces evitamos que la reacción vaya en un conflicto en escalada. Nuestro hijo puede decir que no quiere recoger la habitación en este momento, pero estará eligiendo las consecuencias porque conoce que detrás de una decisión siempre hay una renuncia. ¿No es eso lo que hacemos los adultos cuando tomamos decisiones?

3. RAZONABLE EN LA DURACIÓN RESPECTO A SU CAPACIDAD Y EDAD. No se trata de hacerle sufrir por sus errores o conducta. Eso es la finalidad que esconde  el castigo. Hacerlo sentir culpable. La consecuencia, debe ser razonable en cuanto a su madurez y su etapa evolutiva. Es una aberración que cuando un niño no hace caso a la primera, entonces le duplicamos la severidad del castigo.

Nuestro sentido común a veces brilla por su ausencia, cuando tratamos a los niños como si tuvieran que responder como adultos. ¡Pero ni siquiera a nuestras parejas o amigos los tratamos así! No hace falta estudiar psicología evolutiva para saber si nuestro hijo puede asumir una medida educativa, una compensación o una reparación según su edad y capacidad cognitiva y emocional. La compensación o la consecuencia con la que tomamos la medida, no tiene tanto que ver con la duración sino con el hecho de que pueda asumir responsabilidad y revisar de nuevo sus respuestas frente a una situación. A veces una tarde sin móvil es suficiente, por estar una semana no quiere decir que vaya a corregir más su conducta o actitud.

4. DEBE REVELAR CON ANTELACIÓN LA CONSECUENCIA. Por lo que el niño tiene la opción de elegir de nuevo, entre el comportamiento adecuado y las consecuencias. Es una forma de poner un límite, y a la vez dar la posibilidad de la elección. Esto clarifica el sentido de autoridad, sin necesidad de ser autoritario. Esto se debe hacer también en otros momentos, donde hay un buen ambiente. 

Cuando nuestro hijo sabe con antelación que si está jugando con la cónsola o no lava su plato, ha elegido perder el privilegio, tener tiempo libre, es una oportunidad de aprendizaje. No debe haber la sensación de que nos vengamos o nos alegramos por el hecho de que se hayan equivocado en la elección. Demostramos confianza en que la próxima vez elegirán lo más conveniente.

Por ejemplo, si está jugando más tiempo con una tablet del tiempo estipulado, le avisamos que el tiempo que se extralimite, será tiempo que se le restringirá. Si sigue sin respetar el acuerdo, le podemos avisar que el dia siguiente no podrá disfrutar del privilegio de la consola o la tablet. De este modo le estamos dando la oportunidad de regular su propio comportamiento y permitiendo elegir de nuevo como va usar su privilegio. A la vez le avisamos que no puede enfadarse cuando se le aplique un límite o una compensación. Cuando ponemos castigos o reprimendas sin que nuestro hij@ sepa de dónde viene esa decisión, muchas veces le dará la sensación que respondemos según nuestro estado de ánimo, o que no es tratado como alguien que puede cambiar la actitud ya que no sabía qué consecuencia iba a tener.

 

5. REPETIR JUNTOS. Cuando tu hijo repite y parafrasea contigo el acuerdo que habéis establecido, se genera un acuerdo tácito y su comprensión. Al repetir y parafrasear, somos claros en las normas y límites, y después no hay malentendidos sobre lo que hemos acordado. Repetir juntos genera un ambiente de consenso y de que tenemos en consideración su comprensión y aceptación. 

¿Qué pasa si no quiere repetir el acuerdo? Si no quiere repetir, quizá no sea suficiente maduro o no esté disponible para tener ese privilegio, o realizar esa actividad. Si repetimos juntos: Puedo jugar en el comedor con el Lego hasta la hora de cenar. Después lo ordenaré en la caja y lo llevaré en la habitación. Y después no quiere recoger los juguetes del comedor, entonces sabremos que aún no podemos darle ese privilegio porque no puede responder a ese tipo de responsabilidad. Y no tendremos que culparlo ni nuestro hijo sufrir ningún castigo.

Pero también puede ser que  detrás del conflicto haya un juego de poder, por lo que no tiene que ver con la cuestión o el tema del que se está hablando.

Si la dificultad está en que hay un juego de poder, entonces te puedo asegurar que hay conflictos en otras áreas de la relación. Y no se trata del tema que estamos hablando en este momento. Por lo que hay otras cosas a tratar en la relación con nuestro hijo o hija antes que llegara a acuerdos.

 

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