A veces aún miro mi vida y me duele. No sé muy bien cuáles son las lecciones aprendidas, las heridas abiertas. Algo se cierra en mi corazón cuando pienso en algunos pasajes difíciles, algunas tránsitos que aún me reprocho:

No haber podido afrontar a tiempo la muerte de mi madre. Haber guardado su duelo inacabado en mi corazón inmaduro tanto tiempo en silencio, hasta que rompiera en llanto muchos años después en el momento que a veces aún creo inoportuno: al ver crecer a mi hija. No saber estar presente para ella, debido a ese dolor que había echado raíces en medio de mi vida, es algo que me cuesta aceptar.

Muchas veces miro la distancia que me hizo recorrer la depresión como un tiempo perdido. Lucho contra ese sufrimiento, y …

No me valen los buenos consejos, ni las lecciones de manual, cuando siento haberme perdido en los caminos espirituales buscando una madre y  en el conocimiento a un padre.  Ay mis búsquedas espirituales cuánto me hacen entristecerme y avergonzarme de mi mismo

Pero de pronto miro mi vida, como si no fuera algo personal, y me doy cuenta que si en vez de utilizarla como algo para arrepentirme y hundirme en lo no realizado, en vez de mirarla como instrumento para alcanzar objetivos, la puedo mirar con un sentido de respeto y reconocimiento por haberme traído hasta aquí.

Entonces siento que mi corazón se tranquiliza al comprender que lo que era para mí, me buscó para alcanzarme en el momento oportuno, y que lo  que no era para mi nunca me encontró.

En vez hundirme al mirar mi vida como algo que no me ha llevado lo suficiente lejos, siento mi vida como algo que me ha llevado suficiente lejos, como para elevarme.

A menudo no sé honrar lo que he comprendido: La experiencia de haber atravesado una enfermedad mortal, el amor profundo por alguien, el nacimiento de un hijo. La pérdida de un buen amigo.

Y vuelvo a actuar como si nada hubiera pasado. Olvido lo que he comprendido porque implica vivir de acuerdo a una honestidad y coherencia que no quiero sostener.

Pero al observar en silencio, sin rechazar la dificultad de este momento, esto que se ha roto en mi, lo que siento que he perdido, puedo reconocer que la vida siempre busca ofrecerme una forma de compensación. Algo que cubre de belleza este momento de desolación.

Hay testigos frente a mi,  me miran representando aspectos de mi ya realizados: Un amigo que es una expresión de excelencia profesional y personal, otro que es un padre impecable, una amiga que me ha entregado su corazón perenne y su voz incondicional, una hija celeste con la sabiduría de todas las abuelas, una compañera de viaje que me ve desde el final, una profesión que llena mis días y mis noches. Haber encontrado el servicio a algo mayor que yo mismo.

Sin embargo, una noche al hacer el ejercicio de lo que agradezco del dia, en un momento dado pude ver que había situaciones, personas que aún no podía agradecer. Vaya, eso no puedo agradecerlo. Tuve la tentación de omitirlo. Mmmh eso no. Eso no puedo agradecerlo.

Y meditando en esa incapacidad, decidí darle la vuelta:

¿Y si miro cada situación de mi vida mirándola con total determinación, con ferocidad, a ver qué es lo que podría agradecer de ese momento?

¿Y si me desafío a mi mismo a mirar cada día, qué es lo que puedo llegar a agradecer de esa situación injusta, de ese momento insoportable, de ese maltrato que sentí, de esa actitud que tuve de prepotencia que rompió una relación? Eso que me hizo avergonzar de mí mismo…

¿Puedo agradecer mi estupidez del momento, la mentira que me conté, mi deshonestidad, la falta de respeto que alguien me tuvo?

¿Puedo ser tan tan intransigente que puedo mirarme con agradecimiento, cuando no supe tenerlo en aquél momento? Eso que me costó tanto sufrimiento, o que hizo tanto daño a alguien? ¿Puedo?

¿Puedo tener tanta tanta tanta fuerza para que mi amor por mi, en este momento, supere con agradecimiento mi ignorancia de aquél momento? 

¿Puedo ahora sobreponerme a la estupidez y la ignorancia de alguien, de alguien que me ha hecho daño y encontrar, sí, encontrar, decidir sentir agradecimiento por algo, por minúsculo que sea, que esta situación parece que me impide? ¿Puedo sentir agradecimiento ahora? ¿Incondicional? ¿Por mi?

Un día al mirar nuestra vida, como quien recoge el hilo de un laberinto, comprenderemos que este momento era justo el que necesitábamos vivir. Y estaremos totalmente agradecidos por ello.

Jonàs Gnana Añó

 

 

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