Honrar lo Femenino

La mujer sigue al hombre, 

y lo masculino sirve a lo femenino.

Bert Hellinger

Entre las quejas más frecuentes en la pareja, está la de una incomprensión de la sensibilidad y emocionalidad femenina. Y digo femenina porque, por supuesto, esta cualidad no es un atributo exclusivo de la mujer. A pesar de que lo sabemos conceptualmente, aún no hemos integrado la percepción de que todos los seres humanos comparten cualidades femeninas y masculinas. Las cualidades femeninas o masculinas no tienen que ver con características socioculturales, son funciones universales de la conciencia, así como hay una polaridad energética positiva y negativa.

La necesidad de que haya una comunicación entre estos dos aspectos de nuestra conciencia implica una comunicación especial. Implica que estos dos hemisferios energéticos se encuentren en nuestro cuerpo. Cuando esta comunicación entre lo femenino y lo masculino no se da, es por falta de un reconocimiento mutuo. Todavía se valora más una cualidad que otra, y no se puede reconocer que sin lo femenino, -la dimensión de la conciencia de donde emerge todo, lo que nutre, abraza y cuida el crecimiento, no es menos que las cualidades masculinas, que dan dirección, impulso vital para explorar el mundo fuera del regazo confortable de lo materno.

A veces vemos como a un hombre le cuesta asumir su sensibilidad emocional, y a una mujer su capacidad para sostenerla.

Cuando una mujer está procesando sus sentimientos, generalmente, requiere para integrarlas comunicar lo que está viviendo. Un hombre sin embargo, suele necesitar un espacio de silencio.

Ella llega a casa,  no está alegre y comunicativa como es normal. Y él pronto se lo recrimina. ¿Por qué demonios estás así con esa cara? ¿Y ahora qué te pasa? A veces ella, está más susceptible por algo que está sintiendo pero aún no sabe qué es, cuál ha sido el detonante. A todos nos ha sucedido que nos ha pasado algo, y no sabemos hasta al cabo de varias horas qué nos ha hecho sentir mal. Quizá un comentario de un compañero de trabajo, quizá una actitud nuestra. A veces ella se ha estado ocupando de cuidar y de sostener emocionalmente cosas de la familia o de los hijos. Pero este tipo de función femenina no se suele reconocer fácilmente por los hombres, además de que no suele ser algo valioso socialmente.

La reacción de él es enfadarse. No me hables así, te pones histérica por nada, si has tenido mal dia no lo pagues conmigo. Después, ella se siente culpable, y le pide que le perdone. Él entonces cede. O peor, los dos se han dicho cosas que hacen daño, y cada uno tiene sus argumentos para mantenerse en tener la razón de estar enfadados. Está dinámica va deteriorando la relación, sin apenas darnos cuenta.

¿Pero qué pasa en el trasfondo de estas situaciones, donde la pareja no puede sostener la emocionalidad del otro? Que no hay suficiente fuerza. Que no se pueden ver. 

Cuando una mujer, ha acumulado una cierta cantidad de emociones durante el dia y no ha sabido atenderlas o aún las está procesando, una mujer expresa sus sentimientos, para que el  hombre, lo masculino, pueda y sepa sostenerla. Nos necesitamos para elaborar mejor lo que sentimos. Y de este modo se da la unión de las dos fuerzas, y se puede incluir cada parte. Lo femenino en nosotros, se siente reconfortado y elevado.

Una mujer, necesita que un hombre, o quien expresa la función de lo masculino en ese momento, pueda contener su emocionalidad, y puedan acompañarse más allá de la dificultad y el dolor. Una mujer necesita a un hombre, no un niño que ante la emocionalidad o la emotividad sienta miedo, porque le amenaza. Un hombre necesita acompañar lo que aún no ha madurado en la mujer.

Muchas veces un hombre siente como amenaza la intensidad emocional de una mujer, porque los sentimientos de su madre fueron invasivos, o que de algún modo hubo cierta manipulación afectiva por las carencias de la madre. A esto a veces se suma que el padre no estuvo presente para sostener la dificultad o para acompañar a la madre y al hijo. Más allá de los motivos relacionales que puedan haber, esta complementariedad entre lo femenino y lo masculino, tienen cierta dificultad natural para reconocerse, para construir una unidad.

Una mujer necesita que un hombre, lo masculino en él, honre su emociones y sentimientos, tomen la forma que tomen en ese momento. Pueda mirarlos y abrazarlo con amor y con dolor. O quizá simplemente sonreírle, y decir cariño, estoy aquí para ti. Quizá sin mediar palabra, con un silencio en los ojos suficiente para que ella se sienta sostenida y segura ante esas emociones, que vienen a mostrar algo a esta relación.

La emocionalidad de una mujer, necesita ser contenida para ella pueda sentirse elevada, al reconocer su sensibilidad y sus emociones como algo necesario y benévolo para la relación y la familia. Necesitamos en la parea que los enfados no se conviertan en resentimientos, por querer tener la razón de un modo infantil.

Una mujer necesita sentir la voluntad y la mente de un hombre pueden darle guía, abrirle un espacio a todo lo que siente. Sólo de este modo una mujer puede sentir íntimamente que puede confiar en un hombre. Todo lo que sientes, está bien para mi. Eres mi mujer. Yo soy tu hombre. Tú estás dentro de mí, yo estoy dentro de ti.

Pero si un hombre no puede sostener la emocionalidad de su mujer, la mujer se cierra, siente culpa por lo que siente, y comienza a rechazar algunas cosas que vive, y la pareja empieza a discriminar, empezamos a llamar a algunas emociones, emociones negativas y a otras positivas.

Pero amigo, una mujer es el altar de los sentimientos de nuestra relación, y nada de lo que sienta ella puede excluirse como si no perteneciera a la pareja.

Cuando como hombres reprimimos o negamos las emociones de una mujer, ¡sus emociones se intensifican! Si podemos mirarla, respirar, quedarnos en silencio por un momento, y en nuestra presencia escuchamos qué quiere decir ella con lo que siente. Y si podemos simplemente estar presentes, sin analizar, sin hacer ningún comentario ideológico sobre lo que ella está experimentado, la sanación ocurre.

Porque lo que sentimos no tiene porqué tener una razón ni necesita un argumento en contra de alguien o a favor de nadie.

La sanación ocurre cuando existe la posibilidad de la reconciliación en nuestro cuerpo de lo femenino y lo masculino. Cuando pueden encontrarse en nosotros la mujer y el hombre.

Cuando los hombres podemos sostener los sentimientos de una mujer sin oponernos a ellos,  sucede algo espléndido: los hombres podemos mostrar también nuestros sentimientos sin juzgarlos ni ser juzgados. Cuando una mujer puede sentir una confianza plena en un hombre, puede seguirlo más allá de sí misma. Y entonces lo masculino se pone al servicio de lo femenino.

Cuando como hombres podemos mostrar nuestros sentimientos, sucede algo espléndido: la mujer puede ver nuestra vulnerabilidad. Sentimos que estamos en un lugar seguro para hacerlo. Y ambos crecemos con una fuerza nunca antes percibida.

Jonàs Gnana Añó

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