NO ATRAES A QUIEN QUIERES

Realmente no sabemos quien va a llegar a nuestra vida, quien se va a ir. Por lo que debemos amar a quienes están aquí y estar presentes para ellos realmente. Aprecia los nuevos vínculos y agradece las lecciones aprendidas de quienes se fueron.

Tenemos la idea preconcebida de que van a llegar o quedarse en nuestra vida las personas que queremos, pero no permanecen o se quedan las personas que deseamos, sino las que comparten nuestros valores.

Nuestros valores no sólo en un sentido de los que compartimos verbalmente, sino de los que habitan en nosotros de un modo inconsciente y se ocultan detrás de nuestro diálogo interno. De modo que nuestros valores, verdaderamente se manifiestan en nuestras relaciones. Nuestro inconsciente se revela en las relaciones que tenemos, en cómo somos tratados y en cómo tratamos a los demás. Le digo a menudo a las parejas con las que trabajo, que cuidamos y tratamos a los demás según lo que sentimos por ellos. No según lo que queremos que ellos sientan sobre nosotros. En esto debemos ser claros, porque genera mucha confusión, y veo sufrir a muchas personas esperando que alguien los quiera como ellos quisieran o como ellos creen que aman.

Pero adivina, si alguien te trata mal. ¿Cuánto es lo que te amas a ti mism@? Muchas veces alguien puede separarse no porque no ame a su pareja, sino porque se ama a sí mismo más que lo quiere a la otra persona.

Atraemos a las personas a nuestra vida según nuestros valores más profundos. Y según crecemos, necesitamos que quien nos acompaña crezca también. Quien juzga o critica los cambios en alguien, es porque no se permite crecer o cambiar. Entonces podemos reconocer que la calidad de nuestras relaciones, es la calidad de nuestra relación con nosotros mismo. ¿Cómo te tratas? ¿Te cuidas, eres paciente contigo? ¿Te  respetas cuando no puedes conseguir o hacer algo? ¿Cuánto puedes abrazar al niño desamparado o desprotegido o que no ha tenido reconocimiento y valoración de sus padres? La mayoría de veces buscamos el amor que faltó en la infancia en nuestra pareja, como si pretendiéramos que fuera un padre o una madre para nosotros.

Si dejamos de buscar que el otro llene nuestro vacío, esa brecha entre mi yo adulto y mi yo niño, ese agujero empieza a completarse por nuestro propio cuidado. De otro modo, nuestra pareja, nuestros hijos, sienten que son indispensables para llenar nuestro vacío, cerrar esa brecha entre nuestra herida de la infancia y nosotros mismos. Pero nadie quiere ser usado, drenado emocionalmente, agotado energéticamente, para rellenar tu agujero personal. Nadie quiere sentir que es solo un medio, un instrumento para que te sientas bien, acompañado, comprendido, aceptado.

Todos queremos ser alguien que magnifique sus cualidades, que amplifique su sensación de abundancia, que eleve el amor de la relación. Por supuesto, hay momento en los que uno debe ayudar más al otro, uno tiene más necesidad que el otro temporalmente, y los roles cambian, la naturaleza de la relación se modifica para mostrarnos otro sentido de la relación, un significado más amplio. Sin embargo, aun cuando estamos en una posición de necesitar ayuda, de estar en cierta desventaja, el otro sabe que nosotros haríamos  exactamente lo mismo. Son pequeños momentos de incondicionalidad, que con suerte, nos llevarán a recuperar la igualdad y el equilibrio en la relación de pareja.

Pero volvamos al tema inicial: No atraemos a quien queremos. Atraemos lo que es familiar, lo que es conocido. Porque lo que es conocido para nuestra mentees lo que da seguridad. E incluso a veces confianza, aunque nos dañe.

Déjame que lo diga otra vez: Tu mente quiere y busca lo que es familiar, y huye de lo desconocido. Dime, ¿qué tipo de novio dices qué te gustaría? Piénsalo otra vez.

Nuestra mente y nuestro cerebro está conectado neuronalmente de un modo que sea eficiente para sobrevivir. No para amar, que significa trascender.

Hace miles de años, cuando vivíamos en medio de la naturaleza salvaje, o en una pequeña ciudad amurallada, no decías: mmmh llevo aquí meses confinado, estoy aburrido de estar en este lugar tan seguro. Voy a escalar ese muro y voy a conocer otras gentes otras lugares, otras tribus… ¡Porque podías morir!

Todo el mundo puede reconocer está actitud de preservación en los niños pequeños. No quieren probar o hacer algo que no sea familiar. No quiere ese yogur de arándanos, quiere siempre la misma cucharilla, quiere ver otra vez esa película de disney una y otra vez, ponerse los mismos pantalones.. No pueden entender por más que les digas, que su mente ¡sólo quiere lo que ya sabe!.

Así que esto es lo que nos pasa en las relaciones de pareja. Queremos un lugar seguro, que muchas veces se convierte desde una relación plana, donde no hay crecimiento a una relación peligrosa en las que podemos llegar a destruirnos.

Buscamos a alguien que active nuestros mecanismos infantiles de seguridad, alguien que en un nivel emocional nos dé confianza porque es conocido. He conocido a este chico tan interesante, que quiere hacer cosas constantemente a su rollo, y no me hace mucho caso pero me excita tanto, me atrae su forma de ser.. Vaya, igual que tu papá. Pero se supone que no deberíamos acostarnos con nuestro padre. Perdonad el comentario freudiano.

O nos atrae mucho una mujer que nos critica mucho el modo en que hacemos las cosas, y nos sentimos impelidos a convencerla de que haremos las cosas mejor, Que cambiaremos. Igual que a nuestra madre.

Porque buscamos un final feliz. Si, pero no de esos. Eso que no conseguimos en la infancia deseamos lograrlo ahora.

Sin embargo, hay una manera más eficiente y coherente para transformar nuestras relaciones llamadas tóxicas o con aspectos dañinos recurrentes. En vez de querer cambiar el final inconscientemente: Cambia el comienzo conscientemente.

En vez de querer convertir a este chico malo en un hombre que te ame, te cuide, te trate bien, conviértete en alguien que le atrae alguien que ve a los chicos malos como lo que son: niños sin madre. Conviértete en alguien que le atrae alguien que desea un hombre que se comunica con inteligencia emocional desde el principio, que atiende con interés la relación desde el principio.

Claro que para eso, deberías sentir deseo por algo que no es familiar. Deberías convertirte en alguien desconocido.

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