SE NECESITAN DOS PERSONAS PARA SENTIRSE SOLO

Hay relaciones en las que parece que haya que pedir lo que es natural en el amor. Que haya que pedir afecto. Por algún motivo no hay facilidad para expresar la necesidad, los sentimientos. Para darse mutuamente. Falta un reconocimiento profundo. Son relaciones que se establecen desde la escasez. Pero no podemos invertir más en carencia si queremos experimentar la plenitud del amor.

Quizá lo principal es entender que el amor no es suficiente. Muchas madres aman a sus hijos y muchas parejas se quieren de verdad, y eso no evita el sufrimiento ni mucho menos crea felicidad entre las personas. Porque el amor está sometido a un Orden para que pueda crear equilibrio, salud y bienestar. Como el agua que fluye en el cauce de un río, el amor puede desbordarse o ser escaso para convertirse en una corriente y llenar la relación entre la personas.

Amar implica estar libre de las intenciones, que son expectativas de lo que el otro debería hacer con mi amor. La intención es tensión entre nosotros. La tensión de querer ser amado. Pero toda intención de ser amados no es un amor maduro entre dos iguales, es un amor infantil de la búsqueda de una madre o un padre.

Un amor infantil es la petición de un amor incondicional, que cubra enteramente mis necesidades, que me libere de mis miedos, que me quieran además de como hombre, como marido, como amante, como profesional, como padre, como compañero de viaje, como amigo y me deseen como a un bombero: como preferencia total ante cualquier otra cosa o persona. Esta pretensión de ser amado por encima de todo y más que nada promueve, una competitividad por ser queridos siempre que nos hace fijar más en lo que hacemos que en quienes somos. Un amor incondicional mata cualquier amor ilimitado.

Pero la verdad es que no necesito ser amado. Necesito amar. Eso es lo que necesito de verdad. Ser amado primero que todo y ante todo, es una necesidad que tenemos como niños para ser reconocidos y valorados, y para poder sobrevivir y crecer emocional y físicamente. Y es verdad que cuando hemos sido amados por lo que somos es más fácil no estar mendigando amor y estar más dedicados en amar que ser interesantes o atractivos para ser amados.

La mayoría de parejas se separan porque están intentando que el otro los quiera,  y lo que hacen, dicen y piensan no es lo que hace que el otro le ame. Es lo que el otro es. Pero en la intención de ser amados, dejamos de ser para pedir, y pretendemos que el otro nos quiera por lo que tenemos y hacemos. Eventualmente, el otro sentirá un vacío al percibir que con lo que le damos lo estamos reteniendo para que no se vaya y para que nos quiera.

Pero quien no nos ama por lo que somos, no nos puede querer por lo que no somos. 

Quiero compartir 4 acciones muy sencillas de recordar y algo más difíciles de realizar en la acción de amar, que me han guiado por mucho tiempo para saber amar, sin preocuparme tanto de qué es el amor.

1. Sé que estás aquí y eso me hace feliz

El primer regalo que se le puede hacer a alguien que amamos es reconocer su existencia y su presencia. Por eso la primer comprensión del amor nos habla de reconocimiento. Se expresa en dos enunciados. El primero: “Sé que estás aquí”. Implica hacerle sentir al otro que su mera presencia es suficiente para que yo quiera y necesite estar presente. Yo estoy aquí porque tú estás aquí.

El segundo enunciado señala: “Y eso me hace feliz”. Así que no basta solamente con la atención enfocada al otro, sino que esta debe ir acompañada por un sentimiento de valoración, de plenitud. Es una forma de recordarnos y recordarle al otro la importancia de su valor por el hecho de ser. Todo lo que el otro piensa y hace es escuchado y atendido por razón de que está vivo. Que el otro esté aquí es suficiente para hacerme feliz.

Quizá yo no esté de acuerdo con algo que el otro piensa o sienta, pero tiene derecho a sentirlo y pensarlo, y yo quiero sentirlo y escucharlo. En este reconocimiento, estoy escuchando sus necesidades y sus sentimientos. El otro tiene valor simplemente por el hecho de estar aquí. Y todo lo que existe es necesario.

2. Estoy aquí para ti

Hago acto de presencia en tu vida, porque valoro nuestra relación. Si estás atento a los sentimientos y las necesidades de otra persona es importante hacérselo saber a través de palabras y actitudes. Te das cuenta para quien eres importante, porque siempre tiene tiempo para compartir.

Hay muchas maneras de decir “Estoy aquí para ti”. Todo gesto y toda acción que signifique apoyo y respeto, es una forma de expresarlo. Esto implica que conocemos suficientemente al otro como para detectar los momentos en que necesita nuestra presencia, que es lo esencial, lo única prioridad.

Recuerdo un padre que se iba a trabajar cada mañana a las 6 am y volvía cada noche a las 10 pm. Dejaba notas a su hijo todos todos los días, y cada mañana al darle un beso antes de irse, hacia un nudo en la sabana como testigo de que habia estado alli mientras dormía.

Estoy aquí para ti, Implica corresponder a los gestos y palabras de quien quiero. Valorar lo que nos da. Así mismo, siempre es bueno decirlo con palabras en el momento indicado. Si alguien que nos quiere nos dice “Estoy aquí”, muchas preocupaciones y cargas se alivian.

Buscamos ansiosamente el amor romántico, pero no sabemos ofrecer algo tan bello y lleno de gozo como la amistad. Escucho muchas veces que hay personas que no explican que están sufriendo porque tienen miedo que sus amigos y familia los juzguen. Quizá es un problema de adicción, quizá una relación tóxica. Pero no se atreven a expresar su ansiedad porque se sienten culpables, o no saben cómo vamos a reaccionar y eso se suma a su miedo de que si nos lo dicen les llenaremos la cabeza de consejos, bienintencionados. Pero lo que simplemente necesitan es sentir que estamos aquí para ellos.

Por un tiempo una amiga sufrió mucho en una separación. Rompía con su pareja y volvía, y sabiendo que no iba a llegar a nada, no podía evitar volver y seguir sufriendo. Entre varias amigas, nos turnamos para quedarnos en su casa,  hacerle la cena cada día y quedarnos a dormir con ella. No le decíamos nada sobre su relación, sólo escuchábamos. Y entre mocos y llantos, había momentos de risa y complicidad.

3. Sé que estás sufriendo y puedes contar conmigo

Amar desarrolla una sensibilidad especial para reconocer cuando alguien está sufriendo. Muchas veces cuando alguien sufre, los amigos o la familia, intenta evadir a quien sufre porque le duele su dolor tanto, que no quiere sentirlo, y lo evade con la teoría: claro, tía si no te quiere para qué te vas a quedar ahí. Primero quierete a ti misma.  O hacemos por no quedar con nuestro amigo porque ya sabemos que está depre.

Estar presente sin imponer nuestras ideas, y sin dar consejos de perfección, engrandece nuestro corazón y nos lleva más allá de una empatía personal. Nos abre la mirada a una empatía sistémica. Es decir por todo lo que el otro es, y por todo lo que la vida le trae. Es una empatía que no se opone a lo que el otro está viviendo.

Solamente con que otra persona mire nuestro sufrimiento,  ya transforma nuestro dolor. El reconocimiento de ese malestar es una forma de validar lo que sentimos y de expresar respeto por ello. Por lo tanto, es una manera de reafirmar el ser del otro.

Nadie tiene la obligación de hacerse responsable por el sufrimiento de otro, pero sí puede brindarle su escucha, su comprensión y una palabra de aliento. No siempre es fácil comprender las razones que el otro tiene para sufrir, pero con estar ahí y no cuestionarlo, basta.

Recuerdo una vez, atravesando un momento de muchísimo sufrimiento en mi vida, cuando me preguntó un buen amigo qué era lo que podía hacer por mi, y yo le respondí. Sólo necesito alguien que alguien me vea. Que no tenga miedo de lo que siento.

4. Estoy sufriendo y necesito ayuda

Poder decir estoy sufriendo y necesito ayuda, significa superar la culpa y el miedo, y muchas veces el orgullo. También supone no dejarnos llevar por una falsa autonomía y sentir la confianza en el otro cuando lo necesitamos.

En un momento donde es importante aparentar una vida decorada de actividades y frases new age sobre lo felices que somos, y la cantidad de cosas que sabemos de crecimiento personal, decir estoy sufriendo y necesito ayuda, implica una humildad que de por sí ya es sanadora.

Pero está humildad aún debe ser más grande para recibir y aceptar la ayuda. Sabemos que la experiencia de sufrimiento genera más apego que la felicidad, y la mayoría de veces no estamos dispuestos a dejar de tener la razón para deshacernos de nuestros resentimientos y enfados contra alguien, y sobre todo contra nosotros mismos. Para el sufrimiento tenemos un umbral de tolerancia muy alto, y para la felicidad una tolerancia mucho menor, porque cuestiona nuestra identidad e implica crear una nueva vida desde la que tenemos que aprender a vivir de nuevo.

Nuestro sufrimiento también nos hace ser muy exigentes y caprichosos. Me he dado cuenta que muchas veces he estado esperando que alguien sepa que estoy sufriendo o me pregunte si estoy mal. Pero por más que alguien nos conozca, no siempre se va a dar cuenta de que estamos sufriendo. Tampoco es posible que siempre logre conocer la magnitud de ese sufrimiento. Expresarlo es una manera de facilitar la comprensión y mostrarnos tal como somos, sin esconder nuestra vulnerabilidad. La necesidad de liberarnos es principalmente nuestra, y es nuestra responsabilidad pedir ayuda y mostrar dentro de nuestra capacidad, qué nos duele.

Aquello que no comunicamos lo somatizamos en nuestro cuerpo. Siempre que sea posible es necesario expresarlo con palabras, pues de lo contrario se se convertirá en un síntoma mucho más difícil de reconocer e interpretar.

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